Por: Elier Pila Fariñas
La inteligencia artificial está revolucionando la meteorología al permitir un análisis más rápido y preciso de cantidades masivas de datos climáticos. Gracias al machine learning y a las redes neuronales, los sistemas pueden procesar información en tiempo real proveniente de satélites, radares, estaciones terrestres y boyas oceánicas, identificando patrones complejos que antes pasaban desapercibidos. Esto no solo mejora la detección temprana de fenómenos extremos,como huracanes, tornados o inundaciones, sino que también optimiza modelos predictivos a corto y largo plazo, ayudando a reducir significativamente el margen de error en los pronósticos.
Más allá de la predicción, la IA contribuye a mitigar el impacto del cambio climático y a potenciar sectores sensibles al clima. Con algoritmos de alto rendimiento, es posible simular escenarios futuros, evaluar riesgos ambientales y apoyar la toma de decisiones en agricultura, transporte, gestión de recursos hídricos y planificación urbana. Además, herramientas impulsadas por IA ahora ofrecen pronósticos hiperlocales y personalizados, llevando información crítica a comunidades específicas a través de aplicaciones móviles. En conjunto, estas innovaciones no sólo salvan vidas, sino que promueven una sociedad más resiliente y preparada ante los desafíos climáticos del siglo XXI.
Este texto que usted acaba de leer y que perfectamente encaja con el título de este artículo no fue escrito por este “escribidor” (una palabra que tomo prestada del excelente historiador Ciro Bianchi en sus columnas). No es fruto del pensamiento de otro especialista, ni siquiera proviene (al menos directamente) de la inteligencia humana. El texto precedente fue generado por la aplicación DeepSeek, una de las tantas que hacen uso de la inteligencia artificial con varios fines. ¿Qué se necesitó? Solo “pedirle” a dicha “entidad” literalmente: “Redactar un artículo informativo sencillo, de dos párrafos sobre el uso de la inteligencia artificial en la meteorología” y ahí usted tiene el resultado. Con las instrucciones correctas y específicas podría haber redactado todo el contenido de esta columna en cuestión de segundos y sustituir a quien les escribe.
Ya en una ocasión anterior conversamos, hace casi dos años, sobre Inteligencia Artificial (IA) en la meteorología, específicamente en la modelación del tiempo, una rama en la que como vimos ya se habían dado pasos con anterioridad, pero que comenzaba a dar su frutos. Ponían en la mano de especialistas pronósticos con una precisión comparable a la de las herramientas más avanzadas y en un tiempo récord. En la temporada ciclónica de 2025 por primera vez fueron usados por especialistas del Centro Nacional de Huracanes (NHC) con resultados relevantes y prometedores. Es por ello que hoy vamos a centrarnos en otro uso, menos “especializado” de estas herramientas.
Con el boom mediático del frío de la semana anterior, ante el episodio invernal poco usual que vivimos, se hizo de las potencialidades de la IA: se generaron abundantes imágenes “ilustrativas” de las condiciones previstas y luego vividas por los cubanos para acompañar los titulares de récords. Como bien lo dicen: “una imagen dice más que mil palabras”, pero imagen incorrecta, dice palabras incorrectas.
Otro de los aportes a la meteorología proviene de un uso más general,muy similar al que le dimos para introducir este tema: la generación de información meteorológica para las redes. La capacidad de las herramientas de IA al analizar gran cantidad de contenido y resumirlo, la convierte en un instrumento para la comunicación e incluso para el aprendizaje.
Eso sí, una herramienta es en primer lugar tan buena como la persona que la utiliza y a la vez tan provechosa según el sentido en que se use. La IA no es buena ni mala, pero su uso indiscriminado sin supervisión o con sentido sensacionalista, tanto en la generación de textos como de contenido multimedia (fotos y hasta videos) puede dar lugar a desinformación. La IA no es milagrosa, trabaja aprendiendo de acuerdo con la información que se le brinde (que obtiene generalmente de analizar gran cantidad de contenido de la red de redes) y de la forma en que se le indique (dando igual valor a todas las fuentes o ponderando algunas según su confiabilidad). De esta forma puede recibir información errónea e incorporarla como válida, confiamos en que el algoritmo que utiliza es capaz de razonar y discriminar fuentes incorrectas y que por supuesto, sea imparcial.
En el caso de la generación de contenido multimedia,si bien puede darle un toque original con el uso de imágenes “inéditas”, por otro lado puede tratarse de imágenes físicamente incorrectas que ante ojos inexpertos sean interpretadas como reales y por tanto compartidas “viralmente”, lo para los usuarios “valida” el contenido como cierto.
Lo correcto: hacer un uso mesurado y supervisado de las herramientas de la IA, que puede ahorrarnos tiempo y aportar creatividad a nuestra labor diaria, pero no sustituir nuestro pensamiento creativo y constructivo. Además y muy importante: citar su uso, es decir mencionarla como fuente de una parte o de todo el contenido generado, lo que para nada resta capacidad al autor, ya que si se tratase de una fuente “humana” sería imprescindible, para no incurrir en un plagio.
En el caso de las imágenes, y los videos que los hay “muy reales”,dejar bien claro que son fruto de herramientas de IA e “ilustrativas”, por muy exacto que representen cualquier evento o fenómeno.
La IA llegó, se coló y se va a quedar entre nosotros, de seguro con más efectos positivos que negativos, ya que estos últimos pueden ser mitigados educándonos en su uso.
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Medio de información alternativa que alerta sobre campañas de difamación contra Cuba.
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