Con información de Yendrik Mora.
Un inusual frente frío descendió sobre Santiago de Cuba, pero una ruta precisa, guiada por la humanidad, se trazó en el municipio Contramaestre.

De la mano de Beatriz Johnson Urrutia, miembro del Comité Central y Primera Secretaria del Partido Comunista en la provincia, y Waldis González Peinado, Vicegobernador, junto a un equipo de autoridades, el termómetro dejó de importar.
Lo urgente era otra temperatura: la del cuidado.

El recorrido fue un abrazo institucional hecho acción. En hogares de ancianos, el diálogo sustituyó al discurso. En centros psicopedagógicos y hospitales, la escucha activa fue la primera medicina.
No se trataba solo de verificar que las medidas contra el frío funcionaran, sino de palpar, en persona, las condiciones de vida, la calidad del alimento servido y, sobre todo, la calidez detrás de cada gesto de atención.
Allí, entre historias de abuelos y la resiliencia de pacientes, se escribió sin palabras la verdadera crónica del día.
Son esos gestos, sencillos y profundos, los que no tienen precio en ninguna economía. Los más vulnerables, una vez más, dieron una lección silenciosa y poderosa: la talla de una nación no se mide por sus monumentos, sino por cómo abraza a sus mayores, cómo protege a sus enfermos y cómo rodea de dignidad a quienes la vida ha situado en un lugar de fragilidad.

Entre témpanos y sonrisas, se intentó, con humildad y compromiso, estar a la altura de ese abrazo colectivo. Porque en Cuba, incluso cuando baja el mercurio, sube el compromiso con su gente.