A 67 años del triunfo de la Revolución Cubana la identidad, continuidad y acción colectiva sigue firme , en especial, cuando celebramos este año el Centenario del Comandante Fidel Castro Ruz.

El pueblo cubano y, en especial, la indómita Santiago de Cuba, enfrentaron una prueba doble y elocuente: la furia del huracán Melissa y la presión constante del bloqueo recrudecido.
Esta coyuntura, lejos de erosionar las convicciones, ofreció un lienzo en el que se pintó con claridad el significado de ser #UnPuebloEnRevolución.

La frase trasciende el eslogan. Es el antídoto contra la fatalidad. Se encarnó en cada brigada de electricistas que, llegados de otras provincias, trabajaron contra el tiempo; en cada donación internacional que cruzó los muros del cerco; en cada familia santiaguera que, priorizando el bien común, reconstruyó su entorno con estoicismo y esperanza.

Fue la demostración palpable de que la Revolución es un «proceso vivo», como señala la reflexión, que se nutre de la «acción colectiva» y la «alegría compartida» de construir, incluso sobre las ruinas.
A 67 años del triunfo, el legado del Comandante no es un archivo histórico, sino un manual de operaciones para el presente.
Es el principio de que la solidaridad es la verdadera soberanía. Frente al temporal y el asedio, Cuba no se dobló porque su fortaleza reside en ese tejido social cohesionado, en la identidad forjada a lo largo de décadas de resistencia.

Así, el Centenario se conmemoró no solo con memoria, sino con hechos. Santiago, azotada pero firme, simboliza que la mayor herencia de Fidel es un pueblo que se niega a ser víctima, que transforma cada desafío en un acto de creación y reafirmación.

#67AñosEnRevolución son, por tanto, 67 años de convertir la convicción en el cimiento más resistente, capaz de soportar cualquier huracán.
