Por Gabriela Inés Suárez Villoch. Estudiante de Periodismo
En la cotidianidad cubana, el murmullo de la búsqueda de un medicamento se ha convertido en un sonido familiar. Es un eco que refleja una realidad compleja, donde la dificultad para acceder a fármacos esenciales presenta un desafío diario para muchas familias.
Esta situación, agudizada por obstáculos externos que recrudecen las limitaciones, invita no solo a la resiliencia, sino a la exploración consciente de caminos alternativos ya integrados en el tejido sanitario nacional.
Ante este panorama, emerge con renovada vigencia el sistema de Medicina Natural y Tradicional (MNT).

Lejos de ser una opción marginal, representa una rama médica sólida, reconocida oficialmente en Cuba desde 1995.

Su integración en la red hospitalaria no es un acto improvisado, sino la validación institucional de un conocimiento que une la sabiduría ancestral con el rigor científico, ofreciendo un espacio de alivio y autonomía.
La MNT no busca sustituir, sino complementar y brindar respuestas donde la farmacopea convencional encuentra barreras. Constituye un modelo de soberanía terapéutica, un volver la mirada hacia recursos propios y prácticas que potencian la capacidad de sanación del organismo.

Estudios referenciados en plataformas como infoMED señalan su eficacia, con rangos entre el 60% y 80%, para afecciones donde el diálogo mente-cuerpo es fundamental: el manejo del dolor crónico, los trastornos de ansiedad o los malestares gastrointestinales.

Su arsenal es diverso y se adapta a necesidades específicas: La Fitoterapia, que transforma el poder químico de las plantas en tratamientos.· La Acupuntura, una técnica precisa que restablece equilibrios internos y va, como señala el MINSAP, más allá del simple alivio sintomático.
Las Terapias Manuales, que corrigen y alivian con la precisión de las manos. La Homeopatía, que busca estimular la respuesta vital. La Meditación y las Técnicas de Relajación, herramientas para gestionar el estrés y fortalecer la salud desde dentro.

Pacientes con migrañas, asma, hipertensión o dolencias musculoesqueléticas encuentran en estas terapias no solo un paliativo, sino una vía para mejorar su calidad de vida, muchas veces en armoniosa combinación con tratamientos alopáticos.
En un contexto de restricciones, la Medicina Natural y Tradicional se alza como un testimonio de adaptación y creatividad científica.
Es la respuesta de un sistema de salud que, ante las adversidades, profundiza en sus raíces para seguir ofreciendo cuidado y esperanza.
Representa la convicción de que la salud también se cultiva, se prepara y se activa con los recursos que la naturaleza y el conocimiento humano, atesorado por siglos, ponen a nuestra disposición.
Es, en esencia, un acto de fortaleza y una reafirmación del derecho a sanar.