Una columna de hombres barbudos, fatigados pero eufóricos, inició desde esta ciudad el viaje que rubricaría la victoria.
Hoy, 67 años después, el eco de aquellos motores volvió a resonar en las calles santiagueras.

No como un simple recuerdo, sino como una promesa reafirmada: la de un pueblo que no olvida el camino andado.

La reedición de la Caravana de la Libertad, más que un acto conmemorativo, fue una puesta en escena viva de la memoria nacional.

No se trató solo de evocar una estrategia político-militar, sino de recrear el latido de aquel enero de 1959, cuando Fidel Castro y sus guerreros emprendieron el viaje triunfal hacia La Habana, convirtiendo la isla en un único clamor de esperanza.

Al amanecer, en el mismo escenario donde la historia cambió de rumbo, una representación multicolor del Santiago actual se congregó.

Junto a las banderas cubanas, ondeaban las de las organizaciones que hoy tejen el entramado social de la nación: vanguardias políticas, jóvenes comunistas, veteranos combatientes cuyas miradas aún guardan el fulgor de la Sierra, y las nuevas generaciones de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior, herederos de aquel deber.
La partida fue presidida por Beatriz Jhonson Urrutia, Primera Secretaria del Partido Comunista de Cuba en Santiago de Cuba, y Manuel Falcón Hernández, Gobernador del territorio, simbolizando la continuidad institucional de un proyecto que nació, precisamente, de una caravana como esta.

El mismo trayecto, un símbolo renovado
La caravana contemporánea se enrumba ahora a recorrer más de mil kilómetros, trazando sobre el mapa la misma cicatriz de libertad que en 1959.

Cada pueblo, cada cruce de camino, será testigo de este desfile móvil de la conciencia histórica.
No es un viaje hacia el pasado, sino una proyección del pasado en el presente, un recordatorio tangible de que la Revolución también fue, y es, un movimiento constante, un avanzar.
Mientras los vehículos inician su marcha lentamente, escoltados por el pueblo que los despide desde las aceras, es inevitable dibujar un paralelo.

Allí iban, en el 59, los barbudos en sus jeeps y camiones, recibidos por un torrente humano que les ofrecía flores, gritos y lágrimas de alivio.
Aquí están hoy, sus descendientes políticos y espirituales, emprendiendo el mismo itinerario no para conquistar, sino para reafirmar.

Esta reedición no es un ejercicio de nostalgia. Es una pedagogía sobre ruedas. Una lección de que los hitos fundacionales no se archivan, se caminan.
La Caravana de la Libertad fue el acto que unificó geográfica y emocionalmente a Cuba tras la victoria.
Revivirla, seis décadas y siete años después, es tejer de nuevo ese hilo conductor, recordar que cada kilómetro de esta isla fue testigo y parte de la epopeya.
Al dejar atrás Santiago, rumbo a la capital, la caravana lleva consigo el polvo de la Historia y la vitalidad del presente.
Es un puente móvil entre el ayer y el hoy, demostrando que algunas rutas, las que marcan el destino de los pueblos, nunca llegan a su fin final; simplemente, se repiten para que nadie olvide el punto de partida.
La libertad, como hace 67 años, sigue en marcha.