domingo 25 enero 2026

La Flor que no se marchita: Celia, 46 años en la memoria viva

No fue el silencio lo que llegó aquel 11 de enero de 1980, sino un eco. Cuando Celia Sánchez dejó caer, por última vez, las flores que coronaban su cabello, algo distinto a la ausencia comenzó a germinar. Una fuerza quieta, una resistencia hecha de memoria y de barro, de esos con los que se forjan los países verdaderos.

Han pasado 46 años. Y en la gran casa de la Patria —esa que ella ayudó a construir con sus propias manos, ladrillo a ladrillo, sonrisa a sonrisa— el lugar que ocupa no es un frío pedestal de mármol. Es el sitio cálido y vivo que se gana con el trabajo humilde, con la entrega sin mancha. Armando Hart la llamó “la fibra más íntima y querida”. Hoy, esa fibra sigue siendo el nervio sensible de un pueblo que la recuerda no como un fortaleza del pasado, sino como una presencia.

Nacida en Media Luna, bajo el cielo de Granma, Celia fue la raíz y la flor. En la Sierra Maestra, su valentía no solo empuñó un arma; curó heridas, tejió redes de esperanza desde la clandestinidad, y convirtió la logística en un acto de amor revolucionario. Fue la mano certera detrás de la estrategia y el corazón abierto que sentía el latido de cada compatriota.

Su legado no se archiva en los libros; respira. Respira en la sombra de un consultorio médico donde el profesional se inclina con paciencia, en el sudor del albañil que levanta una casa, en la lucha cotidiana por un mundo más justo. Celia, la heroína de la Sierra y el llano, encarnó un humanismo tan cubano como la palma real. Defensora férrea de la salud y la educación, su sensibilidad era un puente directo e inquebrantable con las necesidades del pueblo.

Hablar de Celia es invocar un coro de nombres esenciales: Martí, Fidel, Raúl, Camilo, el Che, Vilma… Es nombrar al pueblo mismo, al que se consagró desde su juventud. Su genio organizativo fue el cemento en los momentos decisivos, pero su calor humano fue la luz.

Hoy, al conmemorar un aniversario más de su partida física, la negación inicial de entonces se ha transmutado en certeza: Celia no se fue. Se transformó. Aquel día de 1980 no marcó un fin, sino el comienzo silencioso de una inspiración perdurable.

Su imagen, eternamente joven y sonriente, con flores en el pelo, ya no está atada al calendario. Florece en cada acto de dedicación, en cada gesto de amor a esta Isla. Es la flor autóctona de la Revolución que jamás acepta ser arrancada. Sigue viva. Y, mientras Cuba viva, seguirá floreciendo.

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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
Saludos desde México. La cultura de la previsión así como la calidad en el trabajo ayuda a los pueblos de…
Jornadas de trabajo intenso; en esta cobertura tuve la oportunidad de acercarme a personas revolucionarias y aman y honran la…
Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
Son los jóvenes quienes, en mayoría, llevan el mayor peso del quehacer cotidiano del país. Así ha sido siempre. No…
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