Con información de CMKC Radio Revolución.
La mañana traía ese olor a tierra mojada que parece nacer en las lomas del Cañón. Allí, entre caminos y el eco de la historia, 88 risas infantiles llenan las aulas de la escuela Gabriela Mistral.
No son solo números: son el futuro aprendiendo a leer en el mismo lugar donde, en tiempos de clandestinidad, se forjó la libertad.

El museo que guarda aquella memoria hoy renace, reparado tras los embates del tiempo, como testigo silencioso de que cuidar el pasado y construir el futuro son una misma tarea.
El recorrido de las autoridades provinciales por Santiago de Cuba fue un viaje del alma comunitaria.

De las casitas infantiles «Ternura» y «Los Textileritos», donde las madres trabajadoras dejan sus hijos con la certeza del cuidado, al monumental esfuerzo que transforma el Hospital Saturnino Lora. En sus paredes en renovación late la promesa de una salud más firme.Pero hay avances que ya llegaron.

En el hospital Juan Bruno Zayas, un nuevo equipo de imagenología de tecnología punta –capaz de 198 cortes– se convierte en ojos más profundos y precisos para la ciencia médica santiaguera.

Es progreso que se toca, que se ve.La solidaridad, ese músculo invisible de la Revolución, también tiene su espacio tangible. En el Servicio de Atención a la Familia (SAF), 92 personas encuentran no solo un plato de comida, sino el abrazo comunitario que alimenta el espíritu.
Y en las farmacias visitadas, la batalla diaria por el bienestar se libra en el mostrador.Hubo un momento en que la emoción hizo un silencio reverente.

En el Hospital Infantil Sur, el servicio de Neonatología Abierta recibió la distinción “Proeza Laboral”.
No es un galardón cualquiera. Es el reconocimiento a manos que acunan, a miradas que velan, a la ciencia y el amor entrelazados en el milagro de salvar a los más pequeños.
Allí, en el cuidado de los recién nacidos, late quizás la mayor victoria.Este no es un simple recorrido de inspección. Es la constatación de un pueblo en movimiento, que teje su desarrollo desde la raíz: la educación de sus niños en las comunidades, la salud que se moderniza y repara, y el orgullo de una identidad que se nutre de su historia.
Así avanza Santiago. Con la memoria del Cañón y la mirada puesta en el horizonte.
Acción a acción, logro a logro, en un camino que, en el centenario de su natalicio, es el más digno homenaje a la obsesión de Fidel: la obra, permanente e inconclusa, de la Revolución.