lunes 05 enero 2026

Nochebuena entre el humo y la esperanza: Fidel en la Ciénaga (+Fotos)

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Redacción tvsantiago
El sitio de la televisión en Santiago de Cuba

La noche del 24 de diciembre de 1959 olía a carbón dulce y a tierra mojada. No hubo salones palaciegos ni manteles de hilo para el Comandante en Jefe Fidel Castro aquella Nochebuena.

Su banquete fue compartido en el corazón de la Ciénaga, entre las manos callosas de los carboneros, aquellos hombres cuyo sudio había sido invisible para gobiernos anteriores.Rogelio García y su familia, de la cooperativa Soplillar, extendieron su mesa —más modesta que larga— para recibir al Primer Ministro.

No fue un acto protocolario, sino un convite de vecino a vecino, donde el humo del fogón se mezcló con las palabras y las risas. Por primera vez, el jefe de Estado de Cuba no celebraba la Navidad en un círculo de poder tradicional, sino entre quienes habían sido los más olvidados.

Los versos de la nueva Tierra.

Mientras se servía la cena, poetas de la tierra, con el ritmo espontáneo del guateque, comenzaron a improvisar décimas.

Pero no cantaban a los amores idílicos o a la belleza del paisaje; sus versos tenían el sabor reciente de la Reforma Agraria, el eco de leyes que empezaban a cambiar la vida en el campo. Cada estrofa era un relato cantado de la esperanza que comenzaba a echar raíces.

Junto a Fidel estaban el capitán Antonio Núñez Jiménez, director del INRA, y su esposa; el ministro de Agricultura, Pedro Miret, y la ineludible presencia de Celia Sánchez.

Pero los verdaderos anfitriones eran los campesinos de la Ciénaga. Sus rostros, iluminados por la luz tenue, contaban una historia más elocuente que cualquier discurso: la de un reconocimiento largamente postergado.

Un gesto que fue símbolo.

Aquella cena no fue solo un acto de compañerismo; fue un gesto político cargado de significado simbólico.

En la intimidad de la noche zapatera, se estaba derribando una barrera centenaria: la que separaba a los gobernantes de los gobernados, a La Habana de los pantanos, a la fiesta oficial de la cena humilde.Cuando el reloj marcó la medianoche en la Ciénaga de Zapata, algo había cambiado para siempre.

No era solo la Nochebuena de 1959; era el amanecer de una nueva relación entre el revolucionario y los que trabajan la tierra. Allí, entre el rumor de las aguas cenagosas, la historia de Cuba escribió, con tinta de carbón y voz de décima, un capítulo que quedaría para siempre en la memoria de la Isla.

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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
Saludos desde México. La cultura de la previsión así como la calidad en el trabajo ayuda a los pueblos de…
Jornadas de trabajo intenso; en esta cobertura tuve la oportunidad de acercarme a personas revolucionarias y aman y honran la…
Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
Son los jóvenes quienes, en mayoría, llevan el mayor peso del quehacer cotidiano del país. Así ha sido siempre. No…
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