Me enamoré de ti

Hoy mirándote a los ojos te lo confieso. Desde los 5 años me enamoré de ti. Pero tú no lo sabías Martí
Me enamoré de ti

Santiago de Cuba, 28 ene.— Te vi por primera vez a los 5 años. Mi abuela te presentó como un amigo sincero. Me diste un beso y toqué tu mano franca. Al principio aprendía de memoria tus gestos y palabras; te veía inalcanzable maestro, como ese gigante que deleita en la plaza casi perfecto. Te admiraba hasta con un poco de miedo por ese traje negro, el bigote triangular, la pluma y el tintero.

Yo, traviesa nené, rompí algunos libros y me intoxiqué cuando la abeja me picó. La alergia feroz provocó malestar y fiebre; pero tu decías que esta niña padecía de amor: -Ay Pepe, como si la vida fuera poesía y yo esa mariposa que revolotea en tu rosal.

Vivimos juntos días de sol bueno y de rayo y lóbrego nubarrón.

Te vi llorar con la separación cuando dejaste tierra, mujer, hijo por esa fe en el mejoramiento humano y en la utilidad de la virtud.

Lloré contigo y no te pude abrazar cuando tuviste miedo dentro de las entrañas del monstruo. Temí por ti enfrentando a ese gigante de siete leguas, cultivando rosas blancas para el cruel y amando siempre.

Después me enteré de tu historia, los libros, los profesores, las calles de La Habana me hablaban de ti. Caminar por donde mismo pisaste era como tenerte cerca.

Yo fui creciendo contigo, leyendo tus cartas, viendo con tus ojos… No se me olvida el terremoto de Charleston, la estatua de Bolívar, España, México, Guatemala.

Contigo viví la mayor felicidad del despertar con Israeliillo y la gran pena del mundo, la esclavitud.

Leí tus palabras, zanjadas de ti mismo, escritas con tu propia sangre…

Me molesté contigo. Hubo un tiempo en mi adolescencia que te creí Quijote al lanzarte así a Dos Ríos. No entendía y me cuesta entender aún tus impulsos del 19. Admito que te culpo porque quisiera que siguieras aquí.

Pero es que ese amor a la patria, al verdadero amigo, a la raza humana, a la libertad vale tanto…

De cara al sol te sembraste en Cuba y en ti empezó a crecer el mundo. Pasó el tiempo y pasó un águila por el mar.

Hoy despierto, buscando entre la niebla de la mañana ese monte de espumas, convirtiéndome en verso, cultivando la rosa y escribiendo las palabras libertad, justicia, Revolución.

Hoy mirándote a los ojos te lo confieso. Desde los 5 años me enamoré de ti. Pero tú no lo sabías Martí

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