Un abrazo a Fidel

Fidel Castro, un hombre que nació en cuna de oro, hizo de su trayecto en la tierra un recordatorio de cuánto vale la lucha del hombre por conquistar los retos de su tiempo.
Un abrazo a Fidel

Santiago de Cuba, 12 nov.— Cada 25 de noviembre me recuerda lo efímera que es la vida humana en la historia de la humanidad y cómo se puede ganar el pase a la inmortalidad en esa pequeña estancia.

Fidel Castro, un hombre que nació en cuna de oro, hizo de su trayecto en la tierra un recordatorio de cuánto vale la lucha del hombre por conquistar los retos de su tiempo.

El Comandante en Jefe de la Revolución Cubana pudo haberse conformado con una vida simple, sin los sacrificios que le impusieron sus creencias, pero no era de esos, sino de los que llegan hasta las últimas consecuencias. De los que están en primera fila, como le dijo al expresidente Bush en una ocasión, para dar lo necesario en el combate.

Era “ese novio de todas las niñas de sueño recto”. Como un abuelo, cuando le conocí en congresos pioneriles y eventos juveniles. Ansiabamos su presencia en esos espacios para decirle lo que pensábamos, para abrazarlo o simplemente escucharlo con la atención que se presta a quienes han vivido más y quieren lo mejor.

Ya peinaba canas pero la energía se le conservaba como en sus años mozos, quizás por eso vivió solo 90 años en una estirpe de caguairanes, pero no podía ser de otra forma. Guerrillero se forjó, guerrillero se quedó.

En los días de su muerte no hubo quien no se consternó en Cuba. Nunca viví una escena de dolor compartido como entonces. Hay quienes dicen que en Santiago de Cuba fue como cuando enterraron a Frank País, que las calles se colmaron de pueblo, pero para los jóvenes fueron escenas inéditas. Personas de todas las edades expresaron el amor hacia un líder único e irrepetible en la historia de Cuba.

Hoy quiero recordarlo como el eterno rebelde contra la injusticia que fue, el insaciable luchador por causas justas en Cuba y el mundo, el estadista de talla universal, el orador más convincente que vio su siglo, el impaciente que pujó porque se hicieran muchos sueños realidad contra lo que muchos pensaban, el ídolo de generaciones de revoluciones de todo el orbe.

No habrá lágrimas sino la alegría de saberle eterno en cada uno de los que hemos asumido la suya, como nuestra doctrina de vida.

Autor

Facebook
Twitter
Telegram
WhatsApp
Email
Print

Noticias Recientes

Noticias Populares

Comentarios Recientes

Noticias Relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.