Cuando el amor también «hace» a la familia

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Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
Cuando el amor también «hace» a la familia

Si le preguntas, Rebeca dice que tiene dos mamás. La que está en las fotos del teléfono y vive en una estrellita en el cielo, y su mamita Indira, «que no es la de verdad, pero casi, casi lo es». A sus escasos seis años, Rebeca quizá no llega a comprender el porqué de esa realidad, pero sí sabe del afecto que se construye y permanece más allá de cualquier vínculo consanguíneo.

Cuando conocí al padre de la niña, muchas personas me dijeron que «no me metiera en esa candela, que cómo iba a estar criando una niña que no era mía, que siempre iba a quedar como la madrastra de Blancanieves», nos cuenta Indira. «Pero yo nunca lo sentí así».

Rebeca era tan pequeñita, que casi ni se acordaba de cómo era su mamá, y al poco tiempo de vivir juntas comenzó a decirme mami Indira, «y eso al principio fue como una sorpresa, pero algo lindo, sabes, de esas cosas que nunca se olvidan», rememora.

En casa siempre le hemos dicho que su mamá ya no está aquí con nosotros, pero que la quería mucho; y sus abuelos maternos también vienen a verla y se ocupan de ella, relata.

Ahora mismo, refiere, su papá está trabajando afuera, en otro país, y queremos reunirnos con él, vivir juntos de nuevo, pero hacer los trámites ha sido una odisea. «Imagínate, legalmente no soy siquiera pariente de la niña y, aunque desde hace cuatro años convivimos como lo que somos, una familia, y yo soy quien la lleva al círculo, al médico, quien la cuida, en fin, quien se lo hace todo, no tengo desde la ley ningún derecho, ninguna responsabilidad».

 

***

Dayanis y Jensy hace cuatro años y medio que tienen una relación. Viven juntas en armonía, se apoyan mutuamente, y comparten los quehaceres y obligaciones del hogar, desde buscar los mandados hasta decidir a quién le toca esta vez fregar los platos sucios. Son una pareja, como cualquier otra.

Y, sin embargo, el mero hecho de una caricia, de darse la mano en la calle, en una fiesta, en una reunión…, sigue suscitando, en la mayoría de las ocasiones, murmullos y reacciones que, no por esperadas, dejan de ser incómodas, de lastimar, admite Dayanis.

«Al principio, todo era como escondido, para que nadie se enterara; no nos atrevíamos, como se dice, a salir del closet. Una vez estuvimos más seguras no solo de la relación, sino también de nosotras mismas, de lo que sentíamos, decidimos contárselo a nuestras familias», nos cuenta.

Fue bien complicado, asegura, y aunque casi todos nos apoyaron, siempre hubo alguien con sus prejuicios que se alejó. Lo más difícil quizás –dice– fue cuando decidimos que queríamos ser madres.

Ese siempre había sido mi sueño, desde pequeña, reconoce; además, éramos una pareja estable, estábamos en un momento maravilloso de nuestra relación y queríamos tener un hijo, formar nuestra propia familia.

A partir de ahí, empezamos a averiguar, a investigar cómo podríamos hacer ese proceso en Cuba y nos dimos cuenta de lo complejo que iba a resultar; dondequiera que mirábamos eran negativas y más negativas, señala. Hubo momentos de desilusión, de pensar que sería imposible, porque para una pareja homosexual, como nosotras, no hay muchas posibilidades de cumplir ese sueño, relata.

En algún momento, confiesa, manejamos también la opción de adoptar, porque es una cosa muy linda y hay muchos pequeños en casas de niños sin amparo familiar, que no tienen padres. «Sin embargo, adoptar en Cuba también es algo complicado, con demasiados requisitos para cumplir, incluso, hay parejas que están casadas y llevan años y no han logrado la adopción».

Pero bueno, finalmente, gracias a muchos amigos y a uno en especial que accedió, no solo a hacer de donante, sino también a ir a la consulta de infertilidad y acompañarme en el proceso, pude empezar a atenderme, y luego de tanta espera, hacerme la inseminación, resume. «Sabemos que quizá esta no fue la solución más “correcta”, pero sí la única que encontramos para una situación como la nuestra».

Desde entonces el camino para Dayanis y Jensy ha sido de todo, menos sencillo, pero aseguran, nunca han sido más dichosas que ahora, con el pequeño Mateo de ocho meses llenando sus días –y también las noches– de inocencia, gorjeos, pañales y llantos a deshora, una rutina que para ellas no se traduce en otra cosa que en felicidad plena.

«El niño tiene solo mis apellidos, lo tuve que inscribir como madre soltera, porque legalmente las dos no podemos aparecer en la inscripción de nacimiento. Esa es una de las cosas que aborda el nuevo anteproyecto del Código para las Familias y que, de aprobarse, las dos podríamos figurar como madre del niño, con todos los derechos y obligaciones que ello conlleva.

«Porque, en efecto, lo somos; Mateo tiene dos mamás, es algo poco común, pero real, y no por ello dejamos de ser una familia».

Al abordar el tema, Dayanis, como madre al fin, reconoce que le preocupa el mañana. «No queremos que cuando Mateo crezca sea el centro de burlas por el hecho de tener dos mamás, o que en la escuela le hagan bullying, que la sociedad lo rechace. Eso nos dolería muchísimo. Quisiéramos protegerlo de todo mal, tenerlo en una burbuja, pero sabemos que no es posible».

«Lo que sí es posible es entender, y cuando eso ocurra, me imagino que sería una Cuba más feliz para todos».

 

***

Erick hace poco cumplió 15 años, le encanta andar desarmando cualquier «aparato» que caiga en sus manos y dice que quiere estudiar Mecánica. Desde los tres años vive en casa de su tía abuela materna y su esposo. Ellos no sus padres, él lo sabe, pero Dania y Reynaldo han ocupado ese espacio. Han estado ahí, para él, en cada momento, cuando la tos no lo dejaba dormir en las noches; o el día en que por primera vez usó la pañoleta; o en las salidas al parque; o cuando finalmente aprendió a montar bicicleta.

A Erick no le gusta siquiera que Dania lo presente como su sobrino nieto. Él se siente su hijo y se comporta como tal. A veces va a Artemisa, a visitar a su madre, la biológica, pero la nostalgia –o el amor– puede más y al día siguiente ya está de regreso, viendo una película en el sofá con su papito Reynaldo, como le ha dicho siempre al esposo de Dania.

«Cuando era más pequeño, siempre nos preguntaba por qué su mamá no lo crió, por qué su papá no venía a verlo e, imagínate, cómo se le explica eso a un niño», cuenta Dania.

Porque hay verdades que duelen demasiado y actos que escapan de comprensión alguna.

«Ahora que es más grande, entiende mejor las cosas y, quizá por ello, también se siente triste algunas veces. Incluso, en ocasiones nos ha dicho que se va para allá, para Artemisa, que no quiere ser una carga para nosotros, pero no pasa ni un minuto y ya dice que no, que él se queda aquí, con su familia».

 

***

Historias reales, tan genuinas como la Cuba de hoy. Familias que van más allá del «llamado de la sangre», que se sustentan en el amor y el afecto, y que en la práctica derrumban arquetipos y barricadas construidas muchas veces desde el pensamiento individual; familias que no pretenden imponerse sobre otras o desconocer el modelo tradicional, sino coexistir –como hasta ahora– pero con el respaldo legal que no solo requieren, sino al que tienen derecho como seres humanos; familias que necesitan ese puente al entendimiento, a que se reconozca, como sociedad, la diversidad que nos une.

 

ALGUNOS ARTÍCULOS DEL ANTEPROYECTO DEL CÓDIGO DE LAS FAMILIAS QUE RESPALDAN Y RECONOCEN LA DIVERSIDAD DE LOS MODELOS DE FAMILIAS QUE HOY EXISTEN EN CUBA

  • El Artículo 2 reconoce las distintas formas de organización de las familias, las cuales se crean sobre la base de relaciones afectivas entre parientes, cualquiera sea su naturaleza y entre cónyuges o parejas de hecho afectivas.
  • Además, el Estado reconoce en las familias, la célula fundamental de la sociedad, las protege y contribuye a su integración, bienestar, desarrollo social, cultural y económico, y al desempeño de sus responsabilidades, entre otros elementos.
  • El Artículo 3 precisa que las relaciones que se desarrollan en el ámbito familiar se rigen por los principios de igualdad y no discriminación; pluralidad; responsabilidad; solidaridad; favorabilidad; respeto; interés superior; equilibrio entre orden público familiar y autonomía; y realidad.
  • El Artículo 4 regula los derechos reconocidos en la Constitución de la República, con especial énfasis en el derecho de toda persona a constituir una familia y a la igualdad plena en materia filiatoria, entre otros derechos.
  • El Artículo 61 define que el matrimonio es la unión voluntariamente concertada de dos personas con aptitud legal para ello, a fin de hacer vida en común, sobre la base del afecto y el amor.
  • El Artículo 200 establece que la filiación puede tener lugar por procreación natural; por el acto jurídico de la adopción; por el uso de cualquier técnica de reproducción asistida y por los lazos que se construyen a partir de la socioafectividad reconocida judicialmente.
  • El Artículo 201 dispone que toda filiación, cualquiera sea su título constitutivo, produce los mismos efectos jurídicos y determina la responsabilidad parental, los apellidos, los alimentos, los derechos sucesorios y los demás efectos establecidos por las leyes.
  • El Artículo 206 aborda la multiparentalidad y señala que, excepcionalmente, una persona puede tener más de dos vínculos filiatorios, sea por causas originarias, en los casos de filiación asistida donde no existe anonimato de la persona dadora o gestante; o, por causas sobrevenidas en los casos de filiación construida socioafectivamente y de las adopciones por integración, en atención a los principios de interés superior de la hija o hijo y de respeto a la realidad familiar.
  • El Artículo 330 incluye que la madre o padre a cargo de una hija o hijo menor de edad, puede delegar a su cónyuge o pareja de hecho afectiva, el ejercicio de la responsabilidad parental cuando no estuviera en condiciones de cumplir la función en forma plena por razones de viaje, misiones oficiales en el exterior, enfermedad o situación de discapacidad transitoria, y siempre que exista imposibilidad para su desempeño por parte del otro padre o madre titular de la responsabilidad parental.

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