Una verdad tajante sobre Playa Girón

Noraleydis Becerril Caballero
Noraleydis Becerril Caballero
Estudiante de Periodismo
En abril de 1961, la naciente Revolución cubana, se vio amenazada por un grupo de exmilitares del régimen de Fulgencio Batista y otros mercenarios norteamericanos. El hecho conocido como “Ataque a Playa Girón”, terminaría siendo el triunfo de los cubanos y la derrota más vergonzosa para el enemigo.
Una verdad tajante sobre Playa Girón
“Y así comenzó otra jornada en mi vida como militar y como un corresponsal de guerra. Dentro de mi mochila siempre llevé mi camarita Kodak de 127 mm…”

Santiago de Cuba, 19 abr.— En abril de 1961, la naciente Revolución cubana, se vio amenazada por un grupo de exmilitares del régimen de Fulgencio Batista y otros mercenarios norteamericanos. El hecho conocido como “Ataque a Playa Girón”, terminaría siendo el triunfo de los cubanos y la derrota más vergonzosa para el enemigo.

El papel de la prensa fue primordial para reconocer la realidad del levantamiento. Siempre he sido de las que piensan que una historia para ser buena, no necesita protagonismo de su autor, sino impacto en quienes la leen con el afán de convertirse en sus verdaderos protagonistas. Un corresponsal de guerra se fundamenta sobre esos preceptos. Debe ser capaz de vivir y captar lo que acontece a su alrededor para luego convertirlo en esa historia, que será protagonizada para siempre.

Carlos Manuel Silva Burgos, es de esos que hizo historia. Este sitio digital tvsantiago tuvo el honor de conocer qué sucedió en su vida hace 60 años.

“Yo tenía 17 años y ya era Jefe de Artillería Antiaérea de la unidad 14.5 de Santiago de Cuba, cuando vinieron a escogerme, para aprender en La Habana sobre el uso de otros tipos de artillería. Una vez en la capital me reubicaron en baterías que ya estaban conformadas por jóvenes rebeldes que dominaban estos cañones, y por algunos soviéticos encargados de impartir el curso.

De momento, estando tranquilos, medio dormitando, nos sorprende tremendo bombardeo en la madrugada. Imagínate eran como las cinco de la mañana. Tras el susto nos lanzamos al suelo y la dirección de la unidad mandó a todas las baterías a concentrarse en el polígono. Cada uno cogimos nuestro armamento esperando órdenes y al mediodía ya estábamos de salida. La Unidad 2.5, a la que yo pertenecía se unió a un contingente para luchar en Playa Girón. Esta información la supimos luego, pero la decisión de irnos fue del gallego Fernández”.

“Llegamos al poblado de Covadonga el día diecisiete a las once de la noche, continúa relatando. Allí nos esperaron con dieta fría (comida enlatada), pero había otro plato servido en los alrededores, mucho más emocionante. Una casa con muertos, ¡muchos muertos!, y aquello era impactante, fue un cubo de agua fría.

No había amanecido y yo ya formaba parte del grupo de artillería terrestre, de cañones de 150 mm, como parte de la protección antiaérea de una unidad. A las cinco estábamos tirando, pues se estaba realizando un fuego concentrado sobre Playa Girón a larga distancia, de entre 15 a 20 km de donde estábamos. Eso fue todo el día”.

“A las once nos dieron la alarma de un avión B-26, nos dice Carlos Manuel. Este apareció a una altura de 10 km al cual el cañón no alcanzaba, iba rumbo a Australia y antes de la hora ya nos habían notificado que había sido derribado. De ahí siguió la faena… Tiramos hasta las cuatro o cinco de la tarde hasta que nos dieron la orden de marcharnos. Nos dirigimos hasta San Blas, volvimos al central Covadonga y seguimos explorando. Aquello era desagradable… aquellos miserables no tuvieron compasión. Bueno, me encontré una estación de policía donde estaban los Hermanos Babúm, muy conocidos por aquella época también por traidores, ellos estaban presos, y así como usted me ve, con este tamaño, les dije: ‘No les da pena a ustedes tan grandes y fueron derrotados por nosotros’. Yo era fresco (sonríe)”.

Emocionado Silva Burgos nos sigue relatando: “Pasó el tiempo, nos dieron la orden de recoger nuestras pertenencias y volvimos a Santiago. Quien te dice que regresamos a La Habana pocos meses después y allí apareció Raúl. Se subió, con mucha facilidad, en una mesa de jugar dominó y se dirigió a nosotros con el tono de un jefe cuando les habla a sus soldados: … Ustedes son soldados de la Patria y donde quiera que nosotros los mandemos ustedes tienen que ir. Ustedes saben que van a pelear, ustedes saben que van a cumplir una misión a un país hermano. Que algunos van a pelear, que algunos van a ganar y que lamentaremos las pérdidas de los que no regresen… Si nosotros quisiéramos, todos ustedes tuvieran que ir, pero no quisiéramos que ustedes siendo militares hagan las cosas obligadas. Los que no quieran ir retírense, que no deben escuchar los detalles de la misión”.

“Y así comenzó otra jornada en mi vida como militar y como un corresponsal de guerra. Dentro de mi mochila siempre llevé mi camarita Kodak de 127 mm. Me gustaba muchísimo la fotografía, y cuando aquello, todo era en blanco y negro (sonríe). Aunque nunca supimos quiénes fueron corresponsales, así como no supieron de mí, allí los había. Y todo lo que capturábamos con el lente, con la pluma y con la memoria, está plasmado en las páginas de nuestra historia. Por eso hoy somos capaces de contar un “Ataque a Playa Girón” a nuestra manera, como nos gusta a los cubanos: con la verdad tajante”.

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