Por: Mario Muñoz Lozano
Roma, 21 oct.- Cuba busca hoy ampliar la cooperación internacional y diversificar las fuentes de financiamiento para convertir sus capacidades científicas en producción de alimentos, afirmó en esta capital el ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Armando Rodríguez Batista.
En entrevista exclusiva con Prensa Latina luego de participar en el Foro Mundial de la Alimentación 2026, el titular destacó la importancia de fortalecer los vínculos entre los centros de investigación, las empresas y los productores, así como de aprovechar las oportunidades de cooperación con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y las instituciones científicas de otros países.
-¿Cuáles son los principales obstáculos para que los resultados científicos lleguen a los agricultores y las empresas agroalimentarias?
-En el ámbito legislativo hemos avanzado. Hace algunos años, hablar de producción de alimentos equivalía prácticamente a decir que el Ministerio de Agricultura debía ocuparse de ella. Hoy existe una comprensión mayor de que todos los sectores tienen responsabilidad en esa tarea.
La legislación relacionada con la seguridad alimentaria y nutricional identifica las funciones de las instituciones, mientras que las transformaciones económicas han diversificado los actores que pueden participar en la agricultura.
También se han creado condiciones para que los centros de investigación transfieran sus conocimientos de distintas maneras. Algunos se han transformado en empresas y existen mecanismos que permiten establecer contratos con otras entidades para transferir tecnologías y cobrar por esos servicios.
Muchas veces se asocia la producción de conocimiento únicamente a las entidades que son subordinadas al sector, lo cual es una visión bastante ramal del asunto.
El desafío está en que los investigadores y sus instituciones sean más proactivos en la búsqueda de usuarios para sus resultados. La ciencia necesita financiamiento y este no puede proceder exclusivamente del presupuesto estatal.
En otros países existen modelos que combinan recursos gubernamentales, proyectos competitivos de investigación y servicios prestados por los propios centros científicos. Cuba también promueve esa diversificación, que resulta importante para sostener las investigaciones y facilitar la aplicación de sus resultados.
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-¿Qué papel desempeñan la innovación empresarial y las nuevas formas de financiamiento en ese proceso?
-La Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación incluye incentivos para que los investigadores y las instituciones científicas apliquen sus resultados, transfieran conocimientos a las empresas y promuevan la innovación empresarial.
También es importante desarrollar un tejido empresarial de alta tecnología y ampliar los parques científicos y tecnológicos, así como las empresas de interfaz vinculadas con las universidades.
Estas estructuras pueden ayudar a que el conocimiento generado por la ciencia básica y aplicada avance hacia nuevas instituciones capaces de producir bienes y servicios.
En la agricultura, ese proceso es particularmente complejo porque intervienen numerosos actores económicos con diferentes formas de organización. La introducción de una nueva variedad de cultivo, por ejemplo, requiere la participación de productores, empresas, instituciones científicas y autoridades.
Por eso, además de mantener el rigor de la investigación, nuestros centros necesitan fortalecer sus capacidades de gestión económica y organizacional para establecer vínculos con quienes pueden aprovechar el conocimiento.
-¿Qué oportunidades de cooperación e inversión presentó Cuba durante el Foro Mundial de la Alimentación?
-Nuestro ministro de la Agricultura, Ydael Pérez Brito, presentó dos propuestas relacionadas con las cadenas de valor de la miel y el café. Son producciones con potencial para Cuba y que pueden resultar atractivas desde el punto de vista científico, entre otras razones por su vínculo con prácticas orgánicas y la protección del medioambiente.
También consideramos que el mercado de carbono puede abrir posibilidades para movilizar financiamiento. Cuba cuenta con una superficie boscosa importante y dispone de información sobre la reducción de emisiones y la absorción de dióxido de carbono, elementos que pueden contribuir al desarrollo de iniciativas en ese ámbito.
Recientemente aprobamos una política para intervenir en el mercado de carbono, que constituye un espacio diverso y con posibilidades de contribuir a la financiación de proyectos.
Otro campo es la biotecnología agropecuaria, donde Cuba ha desarrollado tecnologías propias que contribuyen a la soberanía nacional.
Asimismo, queremos fortalecer nuestra participación en iniciativas relacionadas con las montañas, por su importancia para el país. El desarrollo agrícola en esos territorios debe realizarse mediante prácticas sostenibles que permitan proteger los ecosistemas y, al mismo tiempo, aprovechar sus posibilidades productivas.
La participación de las mujeres y de las comunidades rurales es también un componente importante de ese trabajo y un ámbito en el que podemos cooperar con la FAO.
-¿Cómo puede contribuir la cooperación internacional a enfrentar los desafíos científicos y ambientales de Cuba?
-La cooperación permite intercambiar conocimientos, ampliar las redes de trabajo y buscar recursos para proyectos que requieren continuidad. Cuba ha conseguido acceder a fondos internacionales destinados a abordar problemas relevantes de la agricultura y el medioambiente.
Sin embargo, la gestión de esos recursos requiere preparación. Hoy no basta con dominar el método científico y publicar resultados; también es necesario saber formular proyectos, identificar fuentes de financiamiento y organizar su ejecución.
En ocasiones trabajamos en proyectos que comenzarán a ejecutarse varios años después. Eso exige anticipación y capacidades específicas para elaborar propuestas que respondan a las prioridades nacionales y a los requisitos de los organismos financiadores.
Durante esta visita a Italia también hemos intercambiado con instituciones científicas del país. Visitamos la Agencia Nacional de Nuevas Tecnologías, Energía y Desarrollo Económico Sostenible (ENEA), con la que identificamos ámbitos de interés común.
Además, conocimos laboratorios relacionados con la radiación ionizante y la impresión tridimensional de polímeros, áreas en las que la comunidad científica cubana también tiene experiencias y conocimientos que aportar.
-¿Continúa siendo una prioridad para el Estado cubano desarrollar la ciencia en medio de las actuales dificultades económicas?
-Seguimos pensando en el desarrollo de Cuba y la ciencia tiene una responsabilidad importante en ese propósito. Las limitaciones energéticas y las afectaciones provocadas por el bloqueo no eliminan la necesidad de investigar ni de buscar soluciones.
Hemos realizado inversiones en ciencia durante mucho tiempo y ese capital humano tiene que seguir produciendo resultados. Por eso es importante aprovechar las oportunidades de participar en redes internacionales, intercambiar con instituciones científicas y presentar proyectos que puedan encontrar respaldo.
Cada centro de investigación debe disponer de una cartera de proyectos que le permita buscar socios y posibles inversionistas. Cuando se abran oportunidades, contar con propuestas preparadas puede ayudar a movilizar recursos y mantener la actividad científica.
Tenemos gente con prestigio, con capacidad para interactuar a este nivel. Entonces es importante transmitir esa visión: Llueva, truene o relampaguee, seguiremos haciendo ciencia en Cuba.
No se trata solamente de resistir, sino también de continuar buscando alternativas para que la ciencia contribuya al desarrollo económico y social del país.