Por Gonzalo González.
Como parte de la programación del prestigioso Festival Internacional Jazz Plaza, la emblemática Sala Dolores de la ciudad de Santiago de Cuba, fue escenario de un concierto único y especial recordando la música de los años 80.
El evento ofreció una tarde mágica que revivió algunos de los temas musicales más representativos y que marcaron una época en la década de los años 80 en Cuba, a través de la majestuosidad de la orquestación sinfónica el repertorio, cuidadosamente seleccionado.

Incluyó temas que permanecen en la memoria colectiva del público antillano como, “A Santiago”, “Quisiera volver a nacer”, “Se Mortifica”, “Papá tráeme la capa”, “De Nuevo con Chepín” y “Se quema la trocha” entre otros.
Estas piezas, originalmente populares en orquestas emblemáticas, fueron reinterpretadas con arreglos novedosos que fusionaron su esencia tradicional con el color y la profundidad de la música sinfónica.

La batuta estuvo a cargo de los reconocidos Maestros Ernesto Burgos y Víctor Vargas, quienes dirigieron con maestría a la prestigiosa «Orquesta Sinfónica de Oriente».
Su conducción logró un equilibrio perfecto entre el poderío orquestal y el sello rítmico y melódico de las piezas, creando una experiencia sonora envolvente y emotiva.
El concierto contó con una destacada participación de artistas invitados que enriquecieron la propuesta.

La Orquesta Sinfónica Juvenil «Esteban Salas», el «Coro Madrigalista» y el grupo «Vocal Compás» se sumaron a la velada, aportando frescura y armonías vocales de gran nivel.
Los aplaudidos solistas Antonio Rodón y Juan Alberto Lao (JR) fueron los encargados de poner voz a estos clásicos, conectando con el público desde la primera nota y generando momentos de gran energía y nostalgia.
La dirección artística del espectáculo estuvo en las manos experimentadas de Eliades Quesada, quien concibió un montaje coherente y de alto impacto estético.
La conducción y presentación del evento fue realizada por Dayron Chang, quien guió al público a través de la historia de cada tema con amenidad y conocimiento.
Este concierto especial se consolida como uno de los momentos más memorables de la edación santiaguera del Jazz Plaza, demostrando la versatilidad del festival y su capacidad para dialogar con la más auténtica tradición musical cubana, llevándola a nuevas dimensiones.
Fue una tarde donde el pasado y el presente se dieron la mano, celebrando el legado musical de una década irrepetible.