Desde su constitución como nación poderosa, Estados Unidos ambicionó anexar a Cuba por la cercanía a su territorio y por las ventajas de contar en ella con una fuente de materias primas y fuerza de trabajo baratas, sobre todo en los sectores azucarero y tabacalero.
Para lograr tal propósito había tratado de convencer a España para que le cediera la isla, incluso mediante su compra, pero los colonialistas peninsulares no aceptaron, por lo que el poderoso vecino decidió aplicar la política de la «fruta madura» y sobre lo cual en 1870, Carlos Manuel de Céspedes había denunciado señalando: «Estados Unidos dejará que Cuba se desangre para apoderarse de ella»
Sabiendo España que la guerra la tenía perdida en la isla a finales de 1897, buscó soluciones políticas que le permitieran mantenerse en Cuba y por ello, estableció que a partir del primero de enero de 1898 concedería la autonomía a la isla, lo que lógicamente, trataría de ser impedido a toda costa y costo por Estados Unidos.
Ya para ese momento, el gobierno norteamericano tomando como pretexto una carta del canciller español a la corona europea, donde se dice que se insultaba al presidente estadounidense William Mc Kinley, éste solicitó al Congreso aprobara la declaración de guerra contra España, propósito que logró el mandatario yanqui en el momento idóneo para hacerlo.
A finales de enero de MIL 898 el buque acorazado «Maine» llegó a La Habana en visita de «buena voluntad» y el 15 de febrero, a las 9 y 40 de la noche, una fuerte explosión iluminó la rada capitalina debido al estallido de esa nave norteamericana, donde perdieron la vida 266 de sus tripulantes.
Los orígenes de la explosión todavía están en la duda, aunque algunos trataron de culpar a España del atentado y otros han señalado que fue una «autoagresión» norteamericana, pero actualmente las posibilidades excepcionales de reconstrucción del hecho por medio de la computación inclinan la balanza hacia una explosión accidental.
Sin embargo, ese incidente donde perdieron la vida 266 tripulantes, le vino como anillo al dedo al gobierno norteamericano, era el pretexto ideal para entrar en el conflicto hispano-cubano, oficializar la declaración de guerra contra España y meses después, en julio, intervenir finalmente en la isla, arrebatándole así la victoria ya inminente al Ejército Libertador Mambí.