Con información de Brita García Alberteris
Santiago de Cuba amaneció más quieta. En la quietud , donde el grito de una jugada suele estar a flor de piel, hoy hay un silencio distinto.
Omar Lucero Aldaya, uno de los árbitros más respetados y característicos del béisbol nacional, ha depositado su silbato para siempre.

A los 77 años, víctima de dolencias acumuladas como los innings de una larga y leal carrera, partió en su tierra natal, dejando un legado de rectitud y pasión por el juego.
Oriundo del municipio Mella, Lucero no esperó a que el destino lo buscara. Con la determinación que luego marcaría sus fallos, siendo muy joven tomó la inspiración y el camino a La Habana para forjarse.
Superó cursos, pruebas y el riguroso escalafón hasta alcanzar, por mérito propio, el honor de impartir justicia en las Series Nacionales.Desde 1983 y durante tres décadas, hasta 2013, su figura fue sinónimo de autoridad dentro del cuadro. Arbitró con una peculiar mezcla de firmeza y compostura que le granjeó un respeto.

Incluso después de colgar el peto y la careta, su compromiso con el deporte rey no decayó.
Hasta sus últimos días, cumplió con celo la función de chequedor de juegos, especialmente en el histórico estadio Guillermón Moncada, desde donde siguió observando, analizando y contribuyendo a la pureza del juego.
La dirección de Deportes en Santiago de Cuba y este medio se unen al dolor de su familia, amigos y de toda la comunidad beisbolera. Despedimos a Omar Lucero Aldaya no solo como un árbitro, sino como un hombre que dedicó su vida a servir al béisbol con dignidad, dejando una estela de profesionalismo y respeto que permanecerá en la memoria del diamante cubano.
Descanse en paz.