En el actual contexto internacional, caracterizado por el aumento de tensiones y el predominio de discursos orientados a la confrontación, resulta oportuno reiterar que el principal adversario histórico de Cuba continúa siendo el imperialismo estadounidense y que, aunque hoy la atención de ese país se dirige hacia diversos escenarios internacionales, entre ellos Venezuela, Irán y China, persiste en ejercer presión y hostilidad contra la Revolución cubana.
Esta realidad refuerza la necesidad de consolidar una política de defensa coherente y sostenida porque, aun cuando los recursos nacionales son limitados, el país no puede descuidar la preparación para la defensa de su soberanía, su independencia y su libertad, así como la preservación de las principales conquistas alcanzadas por el proceso revolucionario.
Cuba no es una nación rica en términos materiales, sin embargo, Estados Unidos nunca ha aceptado que este país pequeño, ubicado a solo 90 millas de su territorio, haya logrado mantener su independencia y ejercer plenamente su derecho a la autodeterminación, sin someterse a los intereses de potencia alguna.
Durante más de seis décadas, la nación cubana ha sido objeto de múltiples acciones hostiles, entre ellas agresiones militares directas, como la invasión por Playa Girón y acciones armadas en Boca de Samá; el financiamiento de mercenarios y grupos violentos; actos de sabotaje, incluidos atentados contra instalaciones turísticas; la ocupación ilegal de la Base Naval de Guantánamo; y la imposición de un bloqueo económico, comercial y financiero que se ha extendido por más de 65 años, con profundas repercusiones negativas en la vida del país.
Las acciones militares emprendidas por Estados Unidos contra Venezuela han tenido consecuencias directas para Cuba, con un saldo de 32 compatriotas fallecidos, además de otras afectaciones: este escenario genera una lógica preocupación ante posibles escaladas del conflicto.
Desde los primeros años de la Revolución, la posición de Cuba ha sido firme y consistente en defensa de su soberanía, pero las actuales circunstancias internacionales demandan reforzar la preparación integral del país, como única vía para impedir cualquier intento de retorno a una condición de dependencia o dominación extranjera.
En Santiago de Cuba, al igual que en el resto del país, existe un amplio rechazo a las pretensiones de Estados Unidos de erigirse como árbitro o defensor del orden mundial; predomina la convicción de que las guerras solo profundizan la inestabilidad y el sufrimiento de los pueblos, y que los conflictos deben resolverse mediante el diálogo, la negociación y las vías políticas.
Sin embargo, más allá de esa aspiración a la paz, existe claridad en este principio: la preparación para la defensa del territorio nacional constituye una garantía esencial para la preservación de la soberanía y la tranquilidad del país.