Cada año, el Día Mundial de la Astrología se celebra con la llegada del equinoccio de primavera, momento en que el Sol entra en el signo de Aries y se inicia un nuevo ciclo zodiacal. Desde tiempos antiguos, esta fecha ha sido vista como un símbolo de renovación, equilibrio y comienzo, una invitación a mirar el cielo para comprender la tierra… y a nosotros mismos.
La astrología es una de las prácticas simbólicas más antiguas de la humanidad. Civilizaciones como la babilónica, la egipcia, la griega y la china observaron los movimientos de los astros como una forma de interpretar el orden del universo y su influencia en la vida humana. Más allá de la creencia, la astrología ha sido lenguaje, mito, arte y filosofía.
Durante siglos, los astros marcaron calendarios agrícolas, rituales, decisiones políticas y procesos espirituales. El cielo era un gran libro abierto que las culturas aprendieron a leer.
En el mundo contemporáneo, la astrología vive un renovado interés, especialmente entre las nuevas generaciones. En un contexto de incertidumbre global, muchas personas encuentran en ella una herramienta de autoconocimiento, reflexión emocional y sentido de pertenencia.
Horóscopos, cartas natales y lecturas astrológicas se han convertido en espacios de diálogo interior, donde el lenguaje simbólico permite nombrar emociones, ciclos personales y procesos de transformación.
Es importante distinguir la astrología de la astronomía. Mientras la astronomía es una ciencia que estudia los cuerpos celestes desde el método científico, la astrología se mueve en el terreno del símbolo, la interpretación y la tradición cultural. Su valor no reside en la predicción exacta, sino en su capacidad de ofrecer narrativas que conectan al ser humano con el cosmos.
El Día Mundial de la Astrología no pretende imponer creencias, sino celebrar la relación ancestral entre el ser humano y el universo. Mirar el cielo ha sido, desde siempre, un acto de asombro, de pregunta y de búsqueda de sentido.
En una era dominada por la tecnología, esta fecha nos recuerda que seguimos siendo seres simbólicos, necesitados de historias que nos ayuden a comprender el paso del tiempo, los cambios internos y los ciclos de la vida.
Porque, más allá de los signos y las estrellas,
la astrología sigue siendo un espejo poético donde la humanidad se reconoce bajo el mismo cielo.