El 26 de septiembre de 1879, en Barcelona, España, muere José Antonio Saco, uno de los intelectuales más influyentes del siglo XIX cubano. Escritor, poeta, historiador y reformista, su nombre quedó inscrito en la memoria nacional como un hombre que, aunque no empuñó las armas, peleó con la pluma y las ideas por el destino de la Isla.
Saco nació en 1797 en la villa de Santa María del Puerto del Príncipe (hoy Camagüey), aunque su infancia y juventud estuvieron vinculadas a Remedios. Desde joven se inclinó por los estudios humanísticos y filosóficos. Fue discípulo del padre Félix Varela, considerado el maestro de toda una generación de pensadores cubanos. De él heredó la visión crítica sobre la sociedad colonial y la necesidad de reformas para la modernización de Cuba.
En una época en que la economía cubana dependía de la trata negrera, Saco levantó su voz contra la esclavitud. Aunque sus ideas no siempre coincidieron con los proyectos independentistas radicales, defendió la abolición gradual y denunció los males de la trata de esclavos. Sus escritos lo enfrentaron tanto a sectores conservadores como a los que lo consideraban demasiado moderado. Muy
Más que un político de barricada, fue un pensador preocupado por el destino de Cuba. En sus textos, Saco abordó temas esenciales: la identidad nacional, la necesidad de modernizar la educación y la sociedad, y la urgencia de preservar una cultura propia frente al riesgo de la anexión a los Estados Unidos, idea que rechazó con firmeza.
En su obra “Historia de la esclavitud”, Saco dejó testimonio de su visión crítica sobre la estructura social de la Isla. También escribió artículos y discursos que circularon en periódicos y revistas de la época, convirtiéndose en referencia para los intelectuales cubanos.
Su pensamiento reformista, crítico del poder colonial español, lo llevó a vivir largos años en el exilio. Residió en Francia y en España, donde finalmente falleció en Barcelona en 1879, lejos de la tierra que tanto amó y defendió con sus escritos
Hoy, a más de un siglo de su muerte, José Antonio Saco es recordado como un hombre adelantado a su tiempo. Sus ideas contribuyeron a cimentar la conciencia nacional cubana, y su postura firme contra la esclavitud lo coloca entre los grandes pensadores reformistas del continente.
Saco no vio a Cuba libre, pero sus palabras fueron semillas que germinaron en generaciones posteriores. Su obra sigue invitando a reflexionar sobre las complejidades de un país que buscaba, y aún busca, caminos propios hacia la justicia y la soberanía.