Hospital oncológico “Conrado Benítez”: una defensa permanente de la vida

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Santiago de Cuba, 24 feb.— Muy cerca del último tramo de la Carretera Central y custodiado por el museo-biblioteca “Abel Santamaría” se levanta la única institución de salud del suroriente de Cuba especializada en la atención del cáncer: el hospital “Conrado Benítez”, un sitio en el que, desde el 24 de febrero de 1961, fecha de su fundación, se defiende de manera permanente la vida de las personas.

Con 576 trabajadores entre personal médico, paramédico y de servicio, el nosocomio también recibe pacientes de otras provincias orientales, centrales y occidentales urgidos de mejoría y/o posible cura de su padecimiento, o por la tenencia de familiares, en esta demarcación, que puedan cuidarlos durante la recuperación luego de la cirugía, quimio y radioterapia, los tres pilares del tratamiento oncológico.

Rafael Neyra, su director, comentó a la ACN la existencia de 148 camas en total con las cuales garantizan los servicios de hospitalización con los que cuentan: radio y quimioterapia, atención especial, oncología médica, ginecología oncológica y cirugía en las distintas localizaciones como urología, mama y cervico-facial.

El especialista de Primer Grado en Oncología refirió que en un 2020 sanitariamente difícil por la irrupción de la COVID-19 y pese a la suspensión de la actividad quirúrgica electiva en el país, con excepción de los procederes oncológicos y de trasplante por lo que representan para el mantenimiento de la vida, el “Conrado Benítez” logró dos mil 213 operaciones, tres mil 687 atenciones en el Cuerpo de Guardia y 26 mil 963 consultas externas, entre las que destacan mastología, dermatología, medicina nuclear y radioterapia.

Un colectivo realzado por la sensibilidad y humanismo facilita el seguimiento de todos sus pacientes y el comienzo de la atención a otros requeridos de tratamiento contra carcinomas, pese al impacto diario del cerco estadounidense, evidenciado con fuerza en esta área de la Salud Pública cubana.
Ante el bloqueo: la inventiva y la solidaridad

El bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos hacia Cuba dificulta severamente la obtención de equipamiento sofisticado para el diagnóstico más exacto de algunos tipos de cáncer y sus localizaciones en el cuerpo humano, y para paliar esa necesidad los oncólogos santiagueros, apoyados de la experticia de los profesionales de Imageneología, potencian el uso del método clínico aprendido en la escuela médica cubana, con muy buenos resultados hasta hoy.

Iguales efectos negativos experimentan las ramas de radioterapia y medicina nuclear. La primera carece del acelerador médico lineal, dispositivo que suministra rayos X de alta energía o electrones a la región del tumor del paciente, y cuyo precio asciende los tres millones dólares en el mercado internacional, dominado por Washington.

En el caso de la segunda, se caracteriza por indisponibilidad de radiofármaco, el reactivo precisado para la gammagrafía, una prueba diagnóstica mediante la cual se obtienen imágenes de diferentes órganos que brindan información de algunas enfermedades y alteraciones de los mismos en el cuerpo.

No obstante, los electromédicos que laboran en el hospital –en su mayoría jóvenes- realizan ingentes esfuerzos para mantener el funcionamiento de los equipos, conscientes que de la agilidad de su gestión también depende la vida de los enfermos.
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Otras veces falta algún ingrediente para los preparados citostáticos de pacientes específicos y los profesionales insertan variaciones en el esquema de los medicamentos, en aras de continuar el tratamiento quimioterapéutico, apuntó Neyra.

Al ingenio de los trabajadores de este centro de referencia en la provincia se suma la actitud solidaria internacional de países como Japón que, en 2019, donó el equipo de Rayos X digital, lo cual genera mayores beneficios para los pacientes del “Oncológico” y de otros hospitales de la ciudad, quienes en un menor período de tiempo y con superior precisión pueden recibir el diagnóstico mediante imágenes de calidad, precisó Pedro Olivero, licenciado en Imageneología y Radiofísica Médica.

Privilegios de un hospital escuela

Diseñado para la docencia, el hospital se premia de tener entre sus hacedores diarios al doctor Oscar Zayas, primer estomatólogo en Cuba con la especialidad de Oncología en I y II Grados, encargado de dirigir el programa de detección de cáncer de la cavidad bucal y quien ha desarrollado una prolífica labor como profesor de la Universidad de Ciencias Médicas y contribuye a la formación de oncólogos de cabeza-cuello en todo Oriente, sin renunciar al “Conrado Benítez”: su casa.

Confianza, seguridad y apoyo psicológico a enfermos y familiares sellan la obra, por más de 40 años, de Delia Yera, jefa provincial del Grupo de Oncología, en el nosocomio oriental y en los cuatro países donde colaboró y llevó la luz de la medicina caribeña a quienes se pensaron muertos luego de saberse con una patología tan invasiva como el cáncer.

Mucho se habla de la huella de Orlando Carreras, considerado padre de la oncología santiaguera y oriental, que llegó a la urbe en 1963 y guió los destinos del hospital durante casi cinco décadas. De él, todos aprendieron del sacrificio médico, pensar siempre en el paciente, sentir su dolor como propio, la sencillez y el buen trato, con independencia de las circunstancias, incluso, personales. Este aniversario también constituye un homenaje al “Profe”, recientemente fallecido, de sus eternos alumnos.

Y justamente el espíritu de las enseñanzas de Carreras calaron bien hondo en quienes hoy conforman el “Conrado Benítez”, lo confirman Nancy Gómez y Aida Roselló, pacientes de quimio y radioterapia, respectivamente, que agradecen la calidad profesional y humana que allí se respira, y que sin dudas convoca a la defensa constante de sus vidas y de la de muchos otros. (Beatriz Vaillant Rodríguez)

 

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