Hay decisiones capaces de prolongar una existencia incluso después de la muerte de quien las hizo posibles. La donación de órganos y tejidos representa una de las expresiones más profundas de solidaridad humana: un gesto que puede ofrecer una nueva oportunidad a personas que enfrentan enfermedades graves, insuficiencias orgánicas, lesiones o pérdidas de funciones esenciales. Detrás de cada trasplante hay ciencia, profesionales especializados, familias que afrontan decisiones difíciles y pacientes para quienes la espera puede convertirse en una lucha contra el tiempo.
El 14 de octubre se utiliza en algunos calendarios de divulgación para promover la donación de órganos, tejidos y trasplantes. No obstante, no debe confundirse automáticamente con una jornada universal oficialmente establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La OMS sí reconoce la importancia de esta actividad como parte de los sistemas sanitarios y ha llamado a reforzar su disponibilidad, regulación y acceso equitativo.
El trasplante consiste en sustituir un órgano, tejido o conjunto de células que no funciona adecuadamente por otro capaz de recuperar una función esencial. Dependiendo de la situación clínica y de las normas de cada país, los órganos pueden proceder de donantes vivos o fallecidos. Entre los órganos que pueden trasplantarse se encuentran los riñones, el hígado, el corazón, los pulmones, el páncreas y el intestino. También pueden utilizarse tejidos como las córneas, la piel, los huesos, los tendones y las válvulas cardíacas, mientras que los trasplantes de células madre hematopoyéticas permiten tratar determinadas enfermedades de la sangre y otras afecciones.
La medicina de trasplantes ha recorrido un camino extraordinario. Los avances en cirugía, anestesia, inmunología, conservación de órganos y tratamiento del rechazo han hecho posibles intervenciones que hace décadas parecían inalcanzables. Sin embargo, el progreso científico no ha eliminado el problema central: la necesidad de órganos y tejidos supera en numerosos sistemas sanitarios la disponibilidad de donaciones.
Un análisis del Observatorio Mundial de Donación y Trasplante, publicado en 2026 sobre la actividad correspondiente a 2024, registró 173 727 trasplantes de órganos sólidos comunicados por 91 países. Los trasplantes renales representaron 110 467 procedimientos y los hepáticos 42 497. Son cifras que reflejan el alcance de la medicina contemporánea, pero también las desigualdades geográficas en el acceso a estos tratamientos.
No todos los países disponen de los mismos recursos, infraestructuras, equipos quirúrgicos, laboratorios de compatibilidad o redes de transporte. Un órgano debe ser evaluado, asignado y trasladado con rapidez, bajo condiciones estrictas. El tiempo de conservación varía según el órgano y la técnica empleada; por eso, la coordinación entre hospitales, especialistas, laboratorios y equipos de transporte resulta decisiva. No basta con que exista voluntad de donar: es necesario contar con un sistema sanitario capaz de hacer posible el trasplante de forma segura.
La donación también exige una base ética sólida. El consentimiento debe respetar la voluntad de la persona y las normas legales aplicables. La evaluación médica y la asignación de órganos tienen que regirse por criterios clínicos transparentes, evitando la discriminación y cualquier forma de compraventa. La OMS ha advertido que las carencias regulatorias y las desigualdades en el acceso pueden favorecer prácticas abusivas, incluido el tráfico de órganos. Promover la donación significa defender simultáneamente la solidaridad, la seguridad del paciente, la dignidad humana y la justicia sanitaria.
En 2024, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó la resolución WHA77.4, dirigida a incrementar la disponibilidad, el acceso ético y la supervisión de los trasplantes de células, tejidos y órganos humanos. La iniciativa respondió a la necesidad de fortalecer los sistemas nacionales, proteger a los donantes vivos y mejorar la sensibilización pública. En 2026, la OMS continuó trabajando en una estrategia mundial para orientar los esfuerzos de los países en esta materia.
Pero las políticas y los protocolos no pueden ignorar la dimensión humana. Para una persona con insuficiencia renal avanzada, un trasplante puede significar la posibilidad de dejar atrás parte de las limitaciones asociadas a la diálisis. Para alguien con una enfermedad hepática terminal, puede representar la oportunidad de sobrevivir. Para una persona con determinadas lesiones corneales, un trasplante puede contribuir a recuperar la visión. Los resultados dependen de la enfermedad, la compatibilidad, la evolución clínica y el seguimiento médico, pero en todos estos casos la donación puede cambiar radicalmente la vida del receptor.
Las familias donantes también necesitan acompañamiento. La muerte de un ser querido constituye un momento de profundo dolor y la posibilidad de donar órganos puede plantear preguntas complejas. La información clara, el respeto a las creencias, la atención psicológica y la ausencia de presiones son fundamentales. La solidaridad no debe imponerse: necesita apoyarse en decisiones informadas y en procedimientos que protejan tanto a los donantes como a quienes reciben los órganos.
En Cuba, la donación y el trasplante se inscriben en el ámbito de la atención médica especializada y requieren coordinación entre instituciones sanitarias, profesionales y servicios hospitalarios. El desarrollo de estos procedimientos depende de la disponibilidad de recursos, la evaluación de cada paciente, los criterios clínicos y las condiciones necesarias para garantizar la seguridad. Para ofrecer un balance nacional riguroso sería imprescindible consultar las estadísticas más recientes del Ministerio de Salud Pública y los datos oficiales de trasplantes por tipo de órgano. No sería responsable extrapolar cifras internacionales a la realidad cubana ni presentar números nacionales sin una fuente verificable.
La perspectiva cubana también debe considerar las dificultades materiales que pueden afectar a cualquier procedimiento de alta complejidad: equipamiento, medicamentos inmunosupresores, reactivos, mantenimiento tecnológico y coordinación logística. Identificar esos retos no disminuye la importancia del trabajo sanitario; permite comprender que un trasplante exitoso necesita mucho más que una operación quirúrgica. Requiere seguimiento prolongado, prevención de infecciones, control del rechazo y acceso sostenido a tratamientos.
En Santiago de Cuba, la conversación sobre donación y trasplantes debe vincularse con el papel de las instituciones hospitalarias del territorio, la formación de los profesionales y la educación de la población. La provincia cuenta con servicios de atención médica de referencia en el oriente cubano, pero para atribuirle cifras específicas de trasplantes, identificar programas activos o describir resultados recientes es necesario contrastar información con las autoridades sanitarias provinciales y los centros correspondientes.
La educación pública puede comenzar con preguntas sencillas: ¿qué significa donar?, ¿qué tejidos pueden utilizarse?, ¿cómo se determina la compatibilidad?, ¿quién decide la asignación de un órgano?, ¿qué garantías existen para proteger a los donantes? Responderlas con claridad ayuda a desmontar mitos, evita falsas expectativas y favorece conversaciones familiares informadas. También es importante explicar que donar sangre, donar órganos y donar tejidos son procedimientos distintos, aunque todos puedan formar parte de una cultura de solidaridad y cuidado de la salud.
La donación no debe convertirse en una consigna vacía ni en una obligación moral impuesta a las familias. Es una decisión profundamente personal que necesita instituciones confiables, reglas transparentes y respeto a la dignidad humana. La ciencia puede realizar intervenciones extraordinarias, pero su alcance depende de la confianza social y de la capacidad de los sistemas sanitarios para garantizar que esos avances beneficien a quienes los necesitan.
En el fondo, un trasplante plantea una de las preguntas más conmovedoras de la medicina: ¿cómo puede una vida ayudar a sostener otra? La respuesta no está únicamente en un quirófano. También se encuentra en la información, la ética, la solidaridad y la voluntad de construir sistemas de salud donde el lugar de nacimiento o la capacidad económica no determinen, por sí solos, las posibilidades de recibir un tratamiento que puede salvar la vida.