Una noticia puede recorrer miles de teléfonos antes de que alguien compruebe su veracidad. Una fotografía fuera de contexto puede provocar indignación, mientras que un titular engañoso puede convertir una afirmación dudosa en una aparente certeza. En una sociedad conectada, recibir información ya no es suficiente: necesitamos aprender a interpretarla, contrastarla y comprender quién la produce y con qué propósito.
La Semana Mundial de la Alfabetización Mediática e Informacional, promovida por la UNESCO, se celebra del 24 al 31 de octubre. Para 2026, el lema anunciado es «We All Play a Part – Media and Information Literacy for the People», que destaca la responsabilidad compartida en la construcción de entornos informativos más saludables.
La alfabetización mediática e informacional comprende los conocimientos y las habilidades necesarios para buscar, acceder, evaluar críticamente, utilizar y contribuir a la información y los contenidos mediáticos. No se limita a aprender a manejar un teléfono o una computadora; implica desarrollar criterio para comprender los mensajes que circulan por diferentes plataformas.
En las redes sociales, los contenidos suelen competir por la atención. Los algoritmos pueden recomendar publicaciones según los intereses y comportamientos de cada usuario, lo que facilita encontrar información relevante, pero también puede reducir la exposición a perspectivas diferentes. A ello se suman la desinformación, las imágenes manipuladas, los perfiles falsos y los contenidos generados mediante inteligencia artificial.
Ante ese panorama, algunas preguntas sencillas pueden evitar errores: ¿quién publica esta información?, ¿qué evidencia presenta?, ¿cuándo ocurrió el hecho?, ¿qué otras fuentes lo confirman?, ¿la imagen corresponde realmente al acontecimiento descrito? Compartir una publicación sin responder estas preguntas puede contribuir a difundir rumores y causar daños a personas o comunidades.
En Cuba, donde las redes sociales constituyen una vía importante para conocer acontecimientos, debatir problemas y mantener vínculos familiares, la formación mediática resulta especialmente útil. Los estudiantes, docentes, periodistas y ciudadanos necesitan herramientas para distinguir entre hechos comprobados, opiniones, publicidad y contenidos manipulados.
En Santiago de Cuba, la alfabetización mediática puede vincularse con experiencias cercanas: comprobar una información sobre un servicio local, contrastar versiones de un acontecimiento comunitario o analizar cómo se representa una institución en distintas plataformas. Estos ejercicios ayudan a convertir el aprendizaje en una práctica cotidiana.
Para los estudiantes de Periodismo, la alfabetización mediática e informacional es una competencia fundamental. Verificar una fuente, rastrear el origen de una fotografía, contrastar testimonios y distinguir una afirmación de una prueba son tareas indispensables para ejercer la profesión con responsabilidad. El periodista no debe limitarse a reproducir lo que circula: necesita investigar, contextualizar y ofrecer al público información contrastada.
La responsabilidad también corresponde a las plataformas, las instituciones educativas, los medios y quienes crean contenidos. Una ciudadanía mejor preparada puede tomar decisiones más informadas, participar en debates públicos y reconocer con mayor facilidad los intentos de manipulación.
La Semana Mundial de la Alfabetización Mediática e Informacional recuerda que la información es un bien social, pero su utilidad depende de cómo la producimos, la interpretamos y la compartimos. En un mundo donde todos podemos publicar, todos necesitamos aprender a verificar.