No es veneración, es respeto. Raúl Castro Ruz no ha pedido estatuas, sino que le acompañen en la lucha. Desde el Moncada hasta hoy, ha compartido balas, cansancio y esperanza con su pueblo.
Por eso, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos lanza su acusación canalla —sin legitimidad ni jurisdicción—, Santiago de Cuba y el Gobierno Revolucionario respondemos con una sola voz: eso no es justicia, es provocación.
Quieren retorcer la historia del derribo de 1996 contra los terroristas de Hermanos al Rescate, violadores reincidentes de nuestro espacio aéreo. Cuba denunció entonces a la FAA y a la OACI. Washington no actuó. Y Cuba se defendió, como le asiste la Carta de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y el derecho internacional.
El cinismo insoportable es que la misma nación que ha ejecutado a casi 200 personas en aguas internacionales —crímenes que el Derecho Internacional llama ejecuciones extrajudiciales— pretenda ahora señalar a un líder que solo ejerció su soberanía.
La inacción de EE. UU. ante nuestras alertas no fue olvido: fue complicidad con el terrorismo de Estado contra Cuba.Esta acusación espuria no viene sola.
Viene con bloqueo genocida, castigo colectivo y amenazas armadas. Pero ni la calumnia ni el cerco doblegarán a un pueblo que respalda sin fisuras a Raúl.
A solo días de sus 95 años —el 3 de junio— lo decimos claro: #RaúlEsRaúl. No por un culto, sino por una vida entera puesta al lado de los suyos. Con la ternura de los valientes y la entereza de los libres.