El sonido de los tambores retumbó este viernes en el Patio La Jutía Conga de la UNEAC santiaguera. El grupo de Tambores de Enrique Bonne, una institución en la música tradicional de la región, convirtió el espacio en una auténtica fiesta de ritmo y raíces.
En cada golpe del cuero se reconocía esa fuerza ancestral que define la identidad sonora de la ciudad: un pulso vivo que no solo evoca historia, sino también presente.

Lo más significativo del encuentro no fue solo la maestría de los músicos, sino la presencia activa de un grupo de jóvenes de la Casa de Cultura Josué País, quienes se sumaron con entusiasmo al baile y la expresión corporal, mezclando espontaneidad y tradición.
Esta participación fue mucho más que una intervención artística: forma parte del esfuerzo de la UNEAC por estrechar vínculos con las nuevas generaciones de creadores y abrir espacio al relevo dentro de la vida cultural santiaguera.
Santiago de Cuba, cuna de tantas tradiciones musicales, ha encontrado en estos acercamientos una vía para renovar su escena. En la interacción entre los Tambores de Bonne y los jóvenes artistas palpita una intención clara: preservar lo que somos sin renunciar a lo que viene. Es ese diálogo entre lo aprendido y lo que se busca crear, entre el sonido heredado y la curiosidad del futuro, lo que le da sentido al trabajo de la institución en este tiempo.

Cada toque de tambor fue una invitación al intercambio. Los jóvenes bailaron, observaron, aprendieron; y en ese proceso, asumieron un papel de continuidad natural.
El evento, más allá de lo festivo, dejó una huella de conexión y propósito. Fue una tarde cargada de música, energía y tradición, Santiago volvió a vibrar como siempre: entre tambores y juventud, en ese espacio donde la cultura no se transmite, sino se vive. Y en cada compás, quedó claro que la UNEAC no solo conserva el arte… también lo impulsa hacia el futuro.