Reinaldo Ferrer Bueno nació en el corazón del municipio Tercer Frente, rodeado de montañas y tradiciones campesinas. Desde temprana edad mostró una inclinación natural hacia el movimiento, el juego y la disciplina del deporte, especialmente en el fútbol. Su energía contagiosa lo convirtió en líder de sus compañeros en las prácticas escolares, donde fue perfilando su vocación: enseñar y motivar a otros a través de la cultura física.
Licenciado en esta especialidad desde el 2005, cumplió misión internacionalista en la hermana República Bolivariana de Venezuela, y al regresar se desempeña como Metodólogo de Actividades Deportivas de la Dirección Municipal.
Se vincula al Programa de Atención a Atletas, Jueces y Árbitros, ha convocado numerosos cursos de actualización para los profesionales de este territorio sobre las reglas del arbitraje, impartidos por árbitros categorizados, a la vez que prestó especial atención a nuestras glorias deportivas.

Ahí se mantuvo hasta el 2019, y entonces… un accidente cambió el rumbo de su historia: una lesión grave en la pierna derecha (una fractura abierta de tibia y peroné que lo llevó al salón de operaciones en 5 ocasiones) le dejó una discapacidad física permanente. Para muchos, aquello habría significado el final de sus aspiraciones deportivas. Sin embargo, Reinaldo decidió que la adversidad no sería un límite, sino un desafío.
Su recuperación fue ardua, pero su voluntad lo sostuvo. La Comisión Médica lo reincorporó al trabajo, con ciertas limitaciones, y desde entonces atiende el área de Formación Integral, su misión es clara: preparar a los atletas desde la base, con rigor técnico y sensibilidad humana. “Mi fuerte es lograr una buena caracterización de los atletas, porque cuando llegan al Centro Único Capitán Orestes Acosta deben hacerlo con una preparación sólida desde el municipio”, afirma con convicción.
Su estilo pedagógico combina rigor técnico con sensibilidad humana; entiende las limitaciones de cada estudiante, pero también sabe despertar en ellos la confianza para superarse. Su metodología no son solo ejercicios físicos, sino lecciones de vida, donde cada movimiento se convierte en símbolo de resistencia y esperanza.
Para jóvenes con discapacidades físicas, él representa la prueba viviente de que el deporte es inclusivo y transformador. Su ejemplo ha motivado a muchos a incorporarse a la práctica deportiva, no como una obligación, sino como un camino hacia la dignidad y la plenitud. Su presencia en cada actividad física recuerda que la discapacidad no define a la persona, sino que revela su capacidad de lucha.