Autor: Orfilio Peláez
La lectura de los 15 tomos de la serie El Tesoro de la Juventud, los libros de Emilio Salgari, Julio Verne, Mark Twain, las narraciones sobre la historia de Hércules y otros textos, despertaron en el niño Manuel Iturralde Vinent el espíritu aventurero y una temprana curiosidad por el conocimiento de la naturaleza.
Sin embargo, fue su mamá quien de manera especial le incentivó al hoy Doctor en Ciencias Geológicas el afán de aprender, el interés por experimentar, saber escuchar, reflexionar. Nadie como ella fue capaz de estimular la creatividad del pequeño, al regalarle juguetes de construir, armar, que además de desarrollarle habilidades manuales, lo hicieran pensar.
–Yo nací en la ciudad de Cienfuegos, el 10 de julio de 1946, pero soy un hijo adoptivo de La Habana, pues al morir mi papá cuando apenas tenía dos años, vinimos a vivir para la capital. Mis dos hermanos mayores, Leonel y Pedro, ejercieron, igualmente, notable influencia en la educación que recibí en el hogar.
«El primero me enseñó a nadar, pescar y las primeras nociones de cómo timonear una embarcación. Al segundo, le debo mi gusto por la música. Gracias a eso, en una etapa de la juventud, acaecida durante la década de los 60, integré un grupo de rock and roll, en el cual cantaba y tocaba la guitarra».
SURGIMIENTO DE UNA PASIÓN
Al matricular en 1959 el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza del Vedado, el joven Manuel Iturralde creó, junto con cuatro inseparables amigos, el grupo espeleológico Murciélago.
Como narró a Granma, tuvieron el inmenso privilegio de ser recibidos por el doctor Antonio Nuñéz Jiménez, quien les pidió a los geógrafos Nicasio Viña y Ángel Graña que los encaminara y apoyara.
«Todos los fines de semana nos íbamos a explorar cuevas, primero en el bosque de La Habana, y luego en las inmediaciones de los poblados de La Salud, La Ceiba y en localidades de Pinar del Río.
«Así nació mi pasión hacia la espeleología, al extremo que empecé a faltar semanas enteras a clases por estar hurgando dentro de las espeluncas. Repetí el primer año de bachillerato y decidí empezar a trabajar en una profesión que aunara la marcada vocación que ya sentía entonces hacia esa disciplina, la paleontología y la arqueología.
«En marzo de 1964, comencé mi vida laboral en el hoy Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, con mi amigo y compañero de aventuras, Roberto Gutiérrez. Ocupamos plazas de auxiliar de micropaleontólogo, con la finalidad de entrenarnos en esa especialidad, bajo la asesoría del doctor Alfredo de la Torre y la doctora Yi Chun Hao».
Pronto lo designaron jefe del Laboratorio de Geología, después del Departamento de Ingeniería-Geológica, y a partir de 1968, jefe de un grupo de control de la calidad de las investigaciones ingeniero-geológicas en Cuba.
Luego de combinar durante varios años el estudio con el trabajo, el doctor Manuel Iturralde Vinent se graduó de ingeniero geólogo en la Universidad de Oriente, en 1975. De inmediato, formó parte del colectivo del Instituto de Geología y Paleontología de la Academia de Ciencias de Cuba.
Ese propio año tuvo la dicha de que naciera su hija Wanda, el más preciado de los regalos de la vida y madre de los dos nietos, Amanda y Manolito. Afirma que los tres siempre están en su pensamiento.
BITÁCORA DE APORTES
El doctor Manuel Iturralde Vinent, destacado científico cubano, posee las más altas distinciones del país en ciencia y medio ambiente, como la Orden Carlos Juan Finlay. Es una autoridad mundial en Paleontología y Tectónica de Placas del Caribe.
«En los años 90, junto al doctor Ross MacPhee, del Museo Americano de Historia Natural, desarrollamos investigaciones que nos permitieron formular una nueva teoría sobre el origen y evolución del Caribe, así como el arribo de las biotas terrestres a las Antillas Mayores.
«Mi verdadera pasión por los fósiles comenzó en 1987, cuando ingresé al Museo Nacional de Historia Natural de Cuba. Durante tres décadas, hasta mi jubilación, participé en innumerables expediciones que me llevaron a colectar y estudiar fósiles de animales marinos y terrestres, desde dinosaurios hasta mamíferos extintos, siempre en colaboración con otros especialistas.
«He recorrido miles de kilómetros a lo largo de seis décadas, explorando los rincones más intrincados de nuestro archipiélago. Esta entrega me permitió protagonizar hallazgos significativos, como los restos de los mamíferos terrestres más antiguos de Cuba, encontrados cerca de la presa Zaza, en Sancti Spíritus, con una edad estimada entre 14 y 16 millones de años.
«También identifiqué un metacarpo de dinosaurio en Caiguanabo, Pinar del Río, y los restos de un reptil volador de gran tamaño del periodo Jurásico. Mi labor ha trascendido fronteras; en Puerto Rico, descubrí los vertebrados terrestres más antiguos de las Antillas Mayores: un perezoso de 33 millones de años.
«Actualmente, me desempeño como asesor de la Red Cubana de la Ciencia, administrada por Citmatel. Tras conocer al general Francisco González López, un ambientalista excepcional, me volqué al estudio de los eventos peligrosos de origen geológico que causan desastres naturales en Cuba.
Con esa experiencia, publiqué infografías, folletos y textos educativos para la prevención, como la serie Protege a tu familia, que ha llegado a la televisión gracias al apoyo de Citmatel. Además, colaboré en más de una docena de documentales para el proyecto Naturaleza Secreta de Cuba, producidos por Mundo Latino.
A punto de cumplir 80 años, mi propósito es recopilar y divulgar toda la información que he generado. También retomaré, con un nuevo enfoque, la teoría sobre el origen de los animales antillanos. Próximamente, publicaremos un texto que revela la edad del esqueleto de ictiosaurio hallado en Viñales a finales de 2023, uno de los mayores descubrimientos paleontológicos del siglo en Cuba.
En la tranquilidad de mi hogar, disfruto leyendo ciencia ficción y literatura universal, y compartiendo con amigos en veladas que prefiero organizar en casa. Todo esto ha sido posible gracias a Mariana Sáker Labrada, mi esposa y amiga incondicional durante 40 años. Una mirada suya me atrapó en un amor apasionado, y juntos hemos convertido nuestras pasiones por la ciencia y la naturaleza en una misión común de divulgación pública.