jueves 01 enero 2026

Medianoche en Santiago: la bandera que nos une

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Redacción tvsantiago
El sitio de la televisión en Santiago de Cuba

Al filo de la medianoche, cuando el último segundo de 2025 se desvaneció en el aire cálido del Caribe, una ciudad entera contuvo el albre.

No fue el estruendo de cohetes artificiales lo que marcó el tránsito, sino el silencio reverente de miles de miradas elevadas hacia la oscuridad.

En ese instante suspendido entre el ayer y el mañana, Santiago de Cuba respiró hondo y recibió al 2026 con su ritual más antiguo y entrañable: la Fiesta a la Bandera.

Desde 1902 —124 años de historia tejida en la trama de la nación—, este acto único en Cuba y el mundo se repite con la solemnidad de un juramento colectivo.

No es sólo una celebración; es un latido cívico que perdura, generación tras generación, en la memoria de esta tierra de rebeldes y trovadores.

Santiagueros y visitantes se fundieron en un solo cuerpo expectante. Las manos de niños, ancianos, jóvenes —algunas temblorosas por la emoción, otras firmes por la costumbre— se unieron en el gesto ancestral de izar la enseña nacional.

Cada centímetro que ascendía la bandera parecía desenrollar un perg invisible: el de los desafíos superados, las pérdidas honradas, la resistencia diaria y la terqueda esperanza.

Este año, el ritual se tiñó de significados profundos. La ceremonia sirvió de puente entre un 2025 marcado por pruebas diversas y un nuevo tiempo que se abre con la promesa de la unidad.

No fue una evasión, sino una reafirmación: aquí estamos, recordando de dónde venimos, sosteniendo lo que somos y confiando en lo que juntos podemos construir.

En sus colores vibrantes parecían mecerse los sueños de los que ya no están y las promesas de los que recién llegan.

Así amaneció el año en Santiago: no con estridencia, sino con un murmullo colectivo de pertenencia. Con la certeza de que, en un mundo cambiante, hay abrazos que no se rompen, memorias que no se apagan y banderas que, al alzar, nos recuerdan que la patria —antes que territorio— es un corazón compartido.

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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
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Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
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