domingo 18 enero 2026

La Sombra del Invierno: El Precio de una Hoja de Papel

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Redacción tvsantiago
El sitio de la televisión en Santiago de Cuba

La ciudad se engalana para recibir al presidente estadounidense Calvin Coolidge, cuya visita oficial simboliza la prolongada sombra de Washington sobre la isla.

Banderas cubanas y estadounidenses ondean en las avenidas principales, mientras el gobierno prepara recibos protocolarios. Pero en los callejones de una Habana menos visible, dos hombres cargan bajo el brazo un fardo más peligroso que cualquier arma: un manifiesto.

Claudio Bouzón y Noske Yalob, obreros y militantes comunistas, circulan por los barrios obreros repartiendo el pronunciamiento del Partido Comunista contra la visita presidencial.

El texto, impreso en papel modesto, denuncia lo que consideran una afrenta a la soberanía nacional y una consolidación de la dependencia neocolonial.

No llegan lejos. La respuesta del aparato represivo, alertado por la circulación de ideas disidentes en un momento de tanta visibilidad internacional, es rápida y brutal. Ambos caen abatidos en las calles habaneras, convertidas en escenario de un crimen político que busca ser ejemplo.

Sus cuerpos yacen sobre los papeles que intentaban distribuir, la tinta mezclándose con la sangre en una imagen alegórica de un país dividido.

La muerte como mensaje

El asesinato de Bouzón y Yalob no fue un acto aislado de violencia, sino un mensaje calculado en el contexto de las relaciones cubano-estadounidenses de la época.

Coolidge llegaba a una Cuba que aún vivía bajo la Enmienda Platt, que concedía a Estados Unidos el derecho de intervenir en los asuntos internos de la isla.

La economía cubana giraba en torno al azúcar, controlada en gran medida por intereses norteamericanos, y la clase política local mantenía una relación compleja de dependencia y resentimiento hacia el poderoso vecino del norte.

En este contexto, la disidencia comunista representaba una doble amenaza: cuestionaba tanto el orden social interno como la relación con Estados Unidos.

Los asesinatos buscaban silenciar no solo a dos hombres, sino a la idea que portaban: la de una Cuba soberana que pudiera definir su destino sin tutelajes extranjeros.

Memoria entre olvidos

Hoy, 98 años después, los nombres de Claudio Bouzón y Noske Yalob apenas figuran en los libros de historia convencionales.

Su sacrificio se perdió entre los grandes relatos de la nación, eclipsado por eventos posteriores que transformarían radicalmente la relación entre Cuba y Estados Unidos.

Pero su historia encapsula una verdad incómoda y recurrente: el precio que se paga por disentir en momentos de consenso oficial.

La hoja de papel que llevaban bajo el brazo era, en esencia, un acto de fe en el poder de las palabras frente a la fuerza de las armas y las imposiciones diplomáticas.

La visita de Coolidge pasaría a los anales diplomáticos como un gesto de buena vecindad.

La muerte de Bouzón y Yalob quedaría como una nota al margen, un recordatorio de que detrás de los protocolos y las sonrisas oficiales, siempre hay quienes pagan el precio más alto por recordar que la dignidad nacional no es negociable.

Su legado, más allá de ideologías, es un testimonio del coraje civil frente al poder establecido, y una pregunta permanente sobre qué voces silenciamos hoy en nombre de la conveniencia política o las relaciones internacionales.

La sangre seca sobre el manifiesto sigue interrogándonos desde el pasado.

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Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
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