Por Gabriela Inés Suárez Villoch. Estudiante de Periodismo.
No es solo una estructura sindical. La Central de Trabajadores de Cuba (CTC), que este 28 de enero cumple 87 años, se erige desde 1939 como el nervio y el alma organizada del pueblo trabajador.
Nacida de la fusión de esfuerzos y del legado de la CNOC, su fundación respondió a un imperativo histórico: unir en una sola voz las demandas de justicia social y soberanía nacional en medio de fervientes luchas populares.
Bajo el liderazgo inaugural de Lázaro Peña, figura cimera de moral y entrega, la CTC forjó su doctrina a partir de una idea fuerza: la unidad consciente.
No una simple alianza, sino, en palabras de su primer secretario general en 1943, aquella que “no oculta las diferencias sostenidas, sino que se basa en ellas para abolirlas en la acción cotidiana”.
Este principio, más que un lema, se convirtió en su método de existencia.La victoria revolucionaria de 1959 marcó un punto de inflexión, expandiendo su horizonte.
La CTC dejó de ser solo un bastión de defensa gremial para convertirse en columna activa de la transformación nacional. Fue artífice en la titánica campaña de alfabetización, en la nacionalización de industrias clave y en la movilización productiva de sectores estratégicos.
Su misión se redimensionó: además de proteger derechos, pasó a ser escuela de participación y motor de la construcción colectiva.
Hoy, su labor es multifacética y se enraíza en la realidad cotidiana. Va desde la defensa inquebrantable de los derechos laborales hasta la promoción del autoabastecimiento alimentario en centros de trabajo; desde la formación ideológica y técnica de sus afiliados hasta la colaboración en la seguridad comunitaria, fomentando la legalidad y la disciplina con sentido revolucionario.
La CTC no representa a los trabajadores desde la distancia: los moviliza, los educa y los convierte en protagonistas directos del proyecto social cubano.
En el año del Centenario del Comandante Fidel Castro, su legado de confianza en el pueblo se materializa en esta organización, la que encarna la resistencia y la creatividad de un movimiento obrero que, cohesionado, enfrenta y desafía las dificultades impuestas por un férreo bloqueo económico.
Al cumplir 87 años, la Central de Trabajadores de Cuba reafirma su esencia: es el tejido vivo que une las manos productivas de la nación, la conciencia organizada que defiende conquistas y la fuerza colectiva que sigue labrando, desde los talleres, campos y servicios, el futuro de soberanía y justicia social de la isla.