Un 6 de enero que cambió la historia espirituana.
Mujeres y hombres congregados frente al edificio de la Sociedad «El Progreso» atestiguó un momento que quedaría grabado en la memoria colectiva de esta ciudad.
La Caravana de la Libertad, ese éxodo triunfal que recorría la isla desde Oriente, había llegado a suelo espirituano. Entre sus figuras centrales, los rebeldes y la mirada intensa de Fidel Castro.
El líder revolucionario, con el polvo del camino aún en sus botas, se reunió primero con dirigentes locales en el interior del emblemático edificio.
Las conversaciones, cargadas del optimismo de la victoria reciente, dieron paso, ya en las horas más tempranas del nuevo día, a un discurso que marcaría el tono de lo que estaba por venir.
Frente a un pueblo expectante, Fidel trazó con palabras mesuradas el camino futuro.
“Es importante que el pueblo sepa desde hoy y comprenda que la Revolución tendrá que realizarse también paso a paso, poco a poco y sin otra divisa también que la del triunfo…”
La frase, pronunciada en el clímax de la euforia, resonó como una declaración de realismo. No era el lenguaje de la improvisación, sino el de un proyecto deliberado.
Lejos de prometer transformaciones instantáneas, el discurso sembraba la idea de un proceso, de una construcción metódica cuyo norte único sería el éxito final.
La multitud, que había recibido a los barbudos con vítores y banderas, escuchaba ahora el bosquejo de una estrategia.
El edificio de la Sociedad El Progreso, testigo de tantas reuniones sociales y culturales, se convertía así en escenario de un nuevo capítulo político.
La Caravana, que partió de Santiago de Cuba como un símbolo viviente de la victoria del Ejército Rebelde, hacía en Sancti Spíritus una parada cargada de significado.
No solo era la presentación de los triunfadores, sino la exposición de un método.Esa madrugada del 6 de enero, mientras la ciudad dormía parcialmente y parcialmente celebraba, la Revolución dejaba claro que su marcha sería, como había dicho su máximo líder, “paso a paso”.
Un ritmo que, desde entonces, definiría los años por venir. La historia había hecho escala en Sancti Spíritus, y desde sus balcones, Fidel le habló al futuro con la voz serena de quien planea una larga caminata.