jueves 08 enero 2026

Cuando el fascismo se disfraza de libertad

Nada ni nadie con un mínimo de sensatez puede justificar un hecho como el perpetrado por los imperialistas yanquis el tres de enero en Venezuela. Las causas fabricadas por los voceros del mayor imperio contemporáneo no se diferencian, en esencia, de aquellas que Adolf Hitler esgrimió cuando intentó doblegar y dominar al mundo desde la década de 1930 del siglo pasado, evocando con discursos la “seguridad”, la “defensa” o la supuesta “libertad” que han sido, una y otra vez, el ropaje con el que se disfraza la ambición desmedida y la vocación de dominio.

El 7 de marzo de 1936, el entonces Canciller de Alemania, ordenó a su ejército invadir Renania, violando abiertamente el Tratado de Versalles, acompañando la agresión con una advertencia calculada: si Francia o el Reino Unido respondían militarmente, las tropas se retirarían. Pero la respuesta nunca llegó y el silencio de las potencias aliadas y la inacción de quienes tenían el deber de frenar la agresión, se convirtieron en la luz verde que el Führer necesitaba para continuar su política expansionista.

Ese mismo patrón se reproduce hoy, bajo nuevas formas y discursos aparentemente legitimadores: el afán de grandeza, la ambición personal, la siembra del odio, el supremacismo y la polarización ideológica, han provocado una peligrosa parálisis en gobiernos progresistas y en organismos internacionales como las Naciones Unidas, inercia que ha permitido a los EE:UU traspasar fronteras, secuestrar presidentes, como ocurrió en Iraq, Libia, Panamá y Venezuela, asesinar civiles inocentes, apropiarse de recursos ajenos y erigirse, sin legitimidad alguna, en policía del mundo.

La diferencia entre ambos fascismos, sin embargo, radica en el método: aquel construyó, mediante el engaño y la manipulación de masas, una ilusión de libertad que logró seducir a buena parte del pueblo alemán; èste, encarnado hoy en Donald Trump, ha ido aún más lejos: no solo destruye cualquier apariencia de ilusión democrática, sino que se proclama dueño de los recursos de “su patio trasero”, ordena la muerte de inocentes y amenaza con hacer lo mismo,  o algo peor, a quienes no se sometan a sus designios, y lo hace sin pudor ante las cámaras de la televisión pública.

Simón Bolívar, desde su lúcida y temprana visión antiimperialista, advirtió con preocupación la hegemonía y el carácter expansionista que se consolidaban en el “norte revuelto y brutal” tras la proclamación de la Doctrina Monroe, abogando insistentemente por la unidad de los pueblos latinoamericanos como única vía de defensa frente a esas pretensiones, y dejó para la historia una sentencia premonitoria: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”.

Los cubanos conocen bien el precio de la libertad: ahora mismo, 32 jóvenes patriotas han caído en cumplimiento de su deber solidario con Venezuela, y aunque una minoría vocifera deseos de invasión y mayor sufrimiento para el pueblo cubano, la mayoría, pese a los problemas internos, está dispuesta, como lo advirtiera el Titán de Bronce, Antonio Maceo Grajales, a pelear y morir con dignidad, si fuera necesario.

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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
Saludos desde México. La cultura de la previsión así como la calidad en el trabajo ayuda a los pueblos de…
Jornadas de trabajo intenso; en esta cobertura tuve la oportunidad de acercarme a personas revolucionarias y aman y honran la…
Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
Son los jóvenes quienes, en mayoría, llevan el mayor peso del quehacer cotidiano del país. Así ha sido siempre. No…
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