La mafia estadounidense, encabezada por el presidente Donald Trump y en complicidad con quienes son señalados como traidores a la patria de Bolívar, perpetró en la madrugada de este sábado una agresión militar contra Venezuela, ataque que incluyó el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Flores, el bombardeo de objetivos militares y económicos, zonas de población civil en Caracas y en los estados Miranda, Aragua y La Guaira.
Nada puede justificar un ataque de esta magnitud contra espacios donde habitan familias con niños, ancianos y mujeres expuestos a una violencia brutal e injustificable. Las diferencias políticas y los conflictos de intereses entre gobiernos deben dirimirse mediante el diálogo y los mecanismos del derecho internacional, nunca a través de bombas y acciones militares, pero los hechos ocurridos esta madrugada dejan al descubierto las verdaderas intenciones del imperialismo: derrocar a un gobierno legítimamente constituido y apoderarse de recursos que pertenecen exclusivamente al pueblo venezolano.
El cinismo del presidente Donald Trump quedó en evidencia al referirse públicamente a esta ofensiva. En su conferencia de prensa del mediodía de este sábado aseguró que se trataba de la operación militar más “perfecta” realizada por Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial; dijo que el presidente Nicolás Maduro Moros será juzgado en cortes norteamericanas bajo acusaciones de dictador y narcotraficante, declaró que a partir de ahora el Gobierno de los Estados Unidos administrará y decidirá sobre los recursos de Venezuela, y advirtió que quienes no se subordinen a sus intereses y chantajes correrán la misma suerte.
Ante esta grave escalada de violencia, la comunidad internacional debe mantenerse alerta y actuar con urgencia y firmeza para proteger a la población civil venezolana y defender los principios básicos que hacen posible la convivencia pacífica en un mundo cada vez más convulso. En particular, los gobiernos de América Latina y el Caribe tienen una responsabilidad histórica: alzar su voz, movilizar a sus pueblos junto al pueblo venezolano y convocar a la solidaridad de las naciones del mundo, pues de las Naciones Unidas (ONU) poco o nada puede esperarse en este momento decisivo de la historia.
El fascismo avanza hoy sin máscaras en distintas regiones del planeta, y todo indica que los gobiernos subordinados a los grandes centros de poder no están dispuestos, o no son capaces, de detenerlo: frente a esta realidad, serán los pueblos, con sus verdaderos líderes al frente, quienes deban asumir la enorme responsabilidad de frenar la barbarie que amenaza a la humanidad en estos tiempos.
Venezuela, forjada en la resistencia, la dignidad y la defensa de su soberanía, sabrá levantarse una vez más frente a esta nueva agresión del poder imperial norteamericano, consciente de que su lucha no es solo por sí misma, sino por la dignidad y la independencia de toda América Latina y el Caribe.