Hace trece años, Santiago de Cuba fue azotada por el huracán Sandy, un fenómeno que provocó tal devastación que aún hoy sigue vivo en la memoria de muchos. Algunas de las secuelas de aquel desastre todavía persisten: familias e instituciones continúan esperando la recuperación de sus viviendas e inmuebles, y los daños en la agricultura siguen siendo recordados por su magnitud.
A esa distancia en el tiempo, otro monstruo, Melissa, amenaza con revivir aquellos temores: se pronostica que en las próximas horas alcanzará la categoría de huracán de gran intensidad, y aunque su trayectoria aún no se define con claridad, todo indica que podría dirigirse nuevamente hacia el oriente cubano. Ante esa incertidumbre, los santiagueros se preparan con prudencia y determinación, dispuestos a minimizar los efectos del fenómeno si finalmente cruza por su territorio camino al Atlántico.

A juzgar por su comportamiento actual, Melissa ya ha dejado intensas lluvias en el sur de la República Dominicana, mientras que los pronósticos para Jamaica son poco alentadores: podrían producirse “daños catastróficos”, según advirtió el meteorólogo cubano José Rubiera, quien señaló que “azotará con mucha fuerza a esa isla en los próximos tres días, conjugando lluvias intensas, vientos huracanados y marejadas fuertes en su litoral sur”.
Aunque por el momento “no es posible determinar con exactitud la trayectoria que seguirá” Melissa, lo cierto es que su desplazamiento ocurrirá por alguno de los puntos dentro del cono de trayectoria previsto, y en ese escenario, Santiago de Cuba figura entre las zonas con mayor probabilidad de impacto, de ahí que las autoridades, la Defensa Civil y la población estén trabajando intensamente en la creación de condiciones preventivas, con el objetivo de reducir al mínimo los posibles daños que pueda causar el huracán en su avance hacia el norte.
Santiago de Cuba jamás había vivido una experiencia como la que dejó el huracán Sandy aquel 25 de octubre de 2012. Hoy, con la inminente amenaza de Melissa, esos recuerdos reaparecen como un fantasma que aún estremece: una experiencia que nadie desea volver a enfrentar.