Orfilio Peláez y La Rosa Blanca

A punto del adiós del siglo XX llegó el Doctor Orfilio Orestes Peláez Molina a Santiago de Cuba con dos pretensiones históricas: primero la inauguración del Centro de Atención a la Retinosis Pigmentaria y, segundo, el primer congreso internacional sobre los estudios de la llamada “ceguera nocturna”.

Fue un privilegio contar aquí con tan excelsa figura de la ciencia médica mundial, el guajiro camagüeyano muy modesto que dedicó cuatro décadas a salvar vidas, enfocado en recuperar la “ventana de la vida”, la visión, y todo por el mal trato que sufrió un colega de estudios cuando fue a ver a un “médico” porque sintió muchos tropiezos al caer la tarde.

Yo vi al Maestro, conversé con el legendario Decano de la Oftalmología cubana, sentí que su respiración estuvo muy excitada, porque no sólo tuvo los compromisos en la atención a sus pacientes, sino investigar cada caso, sólo así logró que el setenta y cinco por ciento frenó la dolencia y un dieciséis por ciento mejoró con el método criollo.

Aquella visita de trabajo tuvo como sede el centro de convenciones del Hotel Santiago y la apertura del Centro Provincial para la atención de la Retinosis Pigmentaria, uno más de la red nacional, pero éste ubicado en Calle 5ta, número 51, entre avenida Cebreco y calle 6, reparto Vista Alegre, allí coincidió la entrevista con la publicación televisiva del documental sobre el tráfico de órganos, entre ellos, los ojos, y la existencia de un mercado criminal en Centroamérica, con tarifas y servicios macabros a clientes latinoamericanos o no que solicitaron un trasplante urgente de córnea.

Orfilio quedó horrorizado, abrió bien los ojos, tomó el pañuelo para secar sus lágrimas y me contó de la ética médica cubana, del uso de la ozonoterapia, del electromagnetismo aplicado con la experiencia científica santiaguera, de la influencia genética, la vejez, la prevalencia según el sexo, la conexión con la dieta nutritiva y antecedentes como la diabetes mellitus y la Conjuntivitis Hemorrágica Epidémica, entre otros asuntos.

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Doctor, Orfilio Orestes Peláez Molina me confesó: “Amigo-me dijo– hay que ver qué emoción deja cuando le retiras las vendas al paciente y te habla de los colores. Foto: Archivo.

Peláez siempre tuvo presente a sus colegas de los hospitales “Salvador Allende”, del Oftalmológico “Ramón Pando Ferrer” y del Servicio de Neuroftalmología del “Calixto García”. Con qué cariño y devoción dejó cursar sus recuerdos sobre el estudio de la Queratoplastia, Microcirugía Ocular y Traumatología, pero más sintió cuando Fidel lo condecoró  por sus aportes científicos. En 1992 recibió el título de Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba y la Medalla Carlos Juan Finlay, la mayor condecoración por el Consejo de Estado de Cuba en el sector de la ciencia.

Aquella relación muy directa con Fidel le recalcó un compromiso ético, moral y profesional, dijo que a cualquier hora conversó con el Comandante en Jefe, ya sea cuando se enroló en la docencia médica, como profesor consultante, vicedecano de Investigaciones y Postgrados en medicina y siempre en medio de los preparativos de ponencias científicas en Estados Unidos, Colombia, Portugal, España e Italia.

“Mi mayor orgullo –afirmó en la entrevista- que Fidel creyera en mí, en lo que yo hacía y me apoyara”. Así dijo a Granma y me lo repitió en uno de los recesos del congreso internacional de Retinosis pigmentaria en el Hotel Santiago, donde dijo del costo de este tipo de intervención quirúrgica, entre 40 ó 50 mil dólares, pero se refirió al valor de una leve consulta, de la facturación de un simple tratamiento y la hospitalización, sin embargo, Orfilio Peláez subrayó que en Cuba no se cobra ni un kilo y mucho menos él no reclamó nada, porque era su respuesta como uno de los trece oftalmólogos que renunciaron irse y para él, lo más importante era la recuperación y cura de cada paciente.

Ahí fue cuando respiré profundo, llevé el micrófono a mi diestra y cuando hice un repaso del entorno, estuvimos en el centro de una espontánea entrevista que no se perdieron académicos de medicina, enfermeros, traumatólogos, genetistas, biólogos, profesores universitarios y representantes de la organización panamericana de la salud (OPS) y de la mundial (OMS).

Supe de la repercusión de aquella entrevista, hoy en mi archivo, porque no se pudo digitalizar, pero dejó el sello de uno de nuestros célebres científicos quien confió en la cura de la Retinosis pigmentaria porque “amigo-me dijo– hay que ver qué emoción deja cuando le retiras las vendas al paciente y te habla de los colores, es como cultivar algo tan natural y martiano, como una Rosa Blanca.”

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“Mi mayor orgullo –afirmó en una entrevista- que Fidel creyera en mí, en lo que yo hacía y me apoyara”. Así dijo a Granma y me lo repitió en uno de los recesos del congreso internacional de Retinosis pigmentaria en el Hotel Santiago. Foto archivo: MsC. Santiago Romero Chang.
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Los juristas son, en principio, servidores públicos imprescindibles.
Saludos desde México. La cultura de la previsión así como la calidad en el trabajo ayuda a los pueblos de…
Jornadas de trabajo intenso; en esta cobertura tuve la oportunidad de acercarme a personas revolucionarias y aman y honran la…
Joel @ No todo está perdido
abril 11, 2024 at 1:44 am
Son los jóvenes quienes, en mayoría, llevan el mayor peso del quehacer cotidiano del país. Así ha sido siempre. No…
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