miércoles 01 febrero 2023
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Fidel en todas partes y en la piedra que germina

Fidel en todas partes y en la piedra que germina

Por Marta Gómez Ferrals

A pocos meses de haber cumplido 90 años, el 25 de noviembre de 2016, falleció en La Habana el Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, el inolvidable Comandante en Jefe desde los días guerrilleros de la Sierra Maestra y el estadista sabio e imbatible, pésele a quien le pese, de la etapa difícil y retadora de la edificación del socialismo por primera vez en América, delante de las narices imperiales.

Era noche cerrada cuando ocurrió el infausto suceso que enlutó y unió más al pueblo cubano. Como noche cerrada y presagiosa era el momento en que 60 años atrás, en igual fecha de 1956, partiera al frente de la expedición combatiente del yate Granma, a prender de nuevo la chispa de la lucha en las montañas orientales.

  Muchos han visto en la coincidencia casual de fechas y sucesos, una suerte de mensaje cósmico con el cual la vida o la historia reafirmaran a sus compatriotas que debía partir físicamente, pero se quedaba. Algo que en definitiva él había conseguido, sin proponérselo, con su obra desde hacía mucho tiempo. Aunque no se debe opacar la belleza de esas corazonadas de los sentimientos.

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Foto Archivo

A seis años de aquel 25 de noviembre, Fidel vibra en todas partes, al igual que en la piedra donde reposan sus cenizas, en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, sitio sagrado al que acude un incesante peregrinar de compatriotas y ciudadanos del planeta para rendir tributo al gigante de obra y pensamiento, cuyo ejemplo inspira y germina sin cesar.

Tenía que generar tal adhesión el dirigente irreductible que liderara el triunfo de la Revolución Cubana, continuadora de la iniciada por los mambises del siglo XIX, y cuya consigna optimista de
¡Patria o Muerte!, ¡Venceremos!, partía de la savia del grito de ¡Independencia o Muerte! proclamado por los padres fundadores.

Forman parte de los recuerdos más alegres y estremecedores de los cubanos las imágenes de la entrada de Fidel, al frente de la Caravana de la Libertad, a muchos poblados y ciudades de la Isla, y finalmente el recibimiento apoteósico en La Habana, el 8 de enero, tras el triunfo del primer día de 1959.

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Foto Archivo

Desde su arribo a la heroica Santiago de Cuba, el Primero de Enero, había enunciado que esta vez sí se trataba de una revolución verdadera, cuyos hacedores y líderes cumplirían fielmente sus propósitos de soberanía, justicia, equidad y fundarían la república con todos y para el bien de todos soñada por el Héroe Nacional José Martí.

 Con palomas blancas posadas en sus hombros, reconoció en su discurso inicial en la capital el inmenso entusiasmo popular, pero alertó sobre lo difícil que podía ser el empeño y la obra de los revolucionarios a partir de ese momento. Y sabía muy bien lo que decía.

Estaba al tanto de dónde vendrían las principales amenazas, no solo del vecino prepotente que siempre se creyó con derechos, invadía e intervenía militarmente, también de los errores o debilidades de los propios connacionales, lo que consideraba el peligro de autodestruirnos nosotros mismos.

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Foto Archivo

Ese hombre nacido para luchar, según sus propias confesiones, que necesitaba ser fiel siempre a la verdad tanto como respirar, que era sensiblemente humano, también trabajó y desarrolló increíbles proyectos para hacer enseguida una Reforma Agraria, alfabetizar a toda la población en una campaña colosal y ejemplar, así como llevar escuelas, universidades, instituciones científicas, culturales y deportivas a todo el país.

El mejoramiento de las personas para él partía de un concepto integral, que hoy se llamaría holístico, y debía empezar por la garantía de los alimentos, la vivienda decorosa y el derecho al trabajo, pero tenía que enriquecerse con la educación, la ciencia, la tecnología y la cultura.

Y se dedicó en cuerpo y alma a ello, incluso en los últimos años de su vida, después de que una severa enfermedad lo había puesto al borde de la muerte y le obligara a confiar en otras manos la dirección del país.

Graduado como abogado en la Universidad de La Habana, allí aprendió realmente a encauzar su rebeldía natural contra las injusticias que sentía desde la niñez, mediante la acción, el aprendizaje de la política y el estudio de textos marxistas y leninistas.

Tuvo una vocación raigalmente martiana y era conocedor profundo de la historia de Cuba. Siempre supo con claridad meridiana cuáles eran las raíces de los males que padecían sus contemporáneos en el momento en que se nuclea inicialmente en el Partido Ortodoxo, luego dirige a los jóvenes de la Generación del Centenario y más tarde los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

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Foto Archivo

Tras la cruenta represión desatada por Fulgencio Batista en torno a esos sucesos y un tiempo de prisión, partió al exilio en México, luego de haber fundado el Movimiento 26 de Julio. De esa nación hermana vino en el Granma aquel memorable 25 de noviembre de 1956.

A nivel internacional contribuyó durante años a la lucha solidaria por la independencia de Angola, en cuya tierra combatieron valerosos hijos de esta Isla, quienes desempeñaron un papel decisivo en la eliminación del Apartheid en Sudáfrica y la independencia de Namibia.

Una hermosa e invaluable labor de hermandad con varias naciones es la ayuda prestada por médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud, así como educadores, desde principios de la década de los 60, en una entrega que ha tenido bella consagración con la creación del contingente sanitario Henry Reeve y el funcionamiento de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), formadora de médicos de varios países, sobre todo entre los más pobres del planeta.

Con semejante patrimonio tangible e intangible, creado a partir de ideas y proyectos de trasfondo humanístico por Fidel Castro, basados en su conciencia y sin buscar provecho material alguno, es lógico que el gran Líder cubano permanezca vivo entre nosotros, y que la mayoría del pueblo forme parte del ejército que le agradece.

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