De Cuba p’al mundo, vamos a bailar Changüí

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Si usted se dejó atrapar por el título, verá entonces que no mentimos. Sea o no bailador profesional, prepare su cuerpo para gozar a contratiempo porque hoy de Cuba p’al mundo vamos a bailar Changüí.
De Cuba p’al mundo, vamos a bailar Changüí
La Habana, 18 mar.— Si usted se dejó atrapar por el título, verá entonces que no mentimos. Sea o no bailador profesional, prepare su cuerpo para gozar a contratiempo porque hoy de Cuba p’al mundo vamos a bailar Changüí.

Primero relaje sus piernas y manténgalas semiflexionadas. Recuerde que el Changüí es un baile en el cual las rodillas llevan el ritmo. Ocupe la posición de baile social. ¡Si encuentra pareja, mejor! Tenga en cuenta que la mujer inicia con el pie derecho y el hombre con el izquierdo.

Como tema musical le propongo “Hazlo como yo”. A partir de ahí marque el 1, 2, 3 de un lado a otro y aún cuando se ponga creativo, no olvide que este baile se ejecuta “raspando” los pies por el suelo. Esa es una regla sagrada: no debe levantar los pies.

Bongó que me llama

¿Qué te pareció la experiencia? ¿Divertida? Pues del disfrute y el jolgorio en las fiestas familiares en Nochebuena, Año Nuevo, cumpleaños y fin de las cosechas del café o el azúcar emergió este sonido cubano en Guantánamo, la tierra de Pastora Yuani Sayú, la mujer que inspiró el Guararey.

De una casa a otra iban cantantes y bailadores, con el puerco asado en la púa, mucho ron y un festín de dulces caseros. Así transcurrían varios días de cumbancha, cobijados en un rancho o amparados en la sombra de una ceiba, algarrobo o anacahuita. ¡Qué importaban los mosquitos cuando sonaba el bongó!

Eran los campesinos, las personas humildes y negras de las zonas montañosas de Guantánamo, Yateras, El Salvador y Manuel Tames los protagonistas de estas veladas y gestores del Changüí de monte, cuyo surgimiento se remonta a la década de 1860-1870.

Andrés Fistó fue uno de los que vivió la costumbre y conformó una inolvidable pareja de baile junto a Ebelia Noble. Bien recuerda a la Bella bailadora, quien amanecía en las descargas de su época, salía unos minutos para montar los frijoles y regresaba al compás del ritmo sobre el pavimento de tierra.

Y como esto es un asunto de familia, con Bella aprendió la bailarina cubana Yaneisi Chibás, nieta de crianza del mismísimo Chito Latamblé, el tresero mayor. Tanto se apasionó la principiante que desarrolló una investigación de maestría sobre el Changüí como manifestación músico-bailable.

La instructora de danza Ena Márquez Silveira lo confirmó: el Changüí es un baile tradicional, autóctono y endógeno que se toca, baila y canta en la comunidad changüisera.

Según explicó, este se adentra en la categoría de popular por la significación de su trascendencia, la transmisión entre generaciones, las influencias musicales y su fusión con otros bailes.

La orquestación es la que lo convierte en popular musicalmente porque el ritmo sincopado perdura, así como su cadencia y posición.

La mediatización, modernidad y migración de intérpretes, audiencias y espacios moldearon su desarrollo y popularidad, que pasó del limitado contexto festivo rural y familiar a entornos urbanos mayores, relacionados con el ámbito de la música y los intérpretes profesionales.

Tumba´o de la montaña a la ciudad

En la búsqueda de una metodología para enseñar a bailar el ritmo, sobresale el empeño de Márquez Silveira. Según reveló, no existen maneras predefinidas para aprenderlo y mucho tiene del estilo del bailador, inclusive de la zona geográfica donde se desdobla.

En el ambiente rural, los bailadores se rigen por el guayo, el tres y las maracas. Generalmente se baila más despacio, en tanto la marímbula asume la célula rítmica similar a la tumba francesa y el bongó hace repiques como el quinto de la rumba.

En el campo los ejecutantes realizan una semiflexión para darle el tumba‘o propio del estilo rural, sin movimientos de hombros. Las mujeres mueven ligeramente la cintura, marcan con el pie izquierdo y lo unen al derecho deslizado por el piso para después irlos alternando.

De acuerdo con la subdirectora docente del Centro Provincial de Casas de Cultura Guantánamo, la cualidad urbana tiene una forma distinta. El contratiempo lo impone el sonido de la marímbula, los pies se arrastran, sin movimientos del torso.

Julia Reyes, por ejemplo, era una de esas bailadoras de la primera generación de fundadores, que realizaba un ligero movimiento de cabeza, difícil de imitar.

El llamado de los instrumentos

Como buen cocido cultural que es Cuba y su música, el Changüí tiene de mezcolanza africana, hispánica y europea, y vincula todo eso en su instrumentación, al decir del director del Centro de Documentación Musical Rafael Inciarte Brioso en Guantánamo, José Cuenca Sosa.

El legado de África está en la marímbula, el bongó y el tres, pero su influencia llega más allá y toca las inflexiones melódicas en el coro y el estribillo. La sangre hispana se revela también en la forma de cantar y el instrumento cordófono, que tiene como antecedente el laúd de la península ibérica.

Los changüiseros, fundamentalmente los cantantes, improvisan en cuartetas y décimas que son formas literarias procedentes de esas generaciones hispanas; mientras el ritmo anticipado, la síncopa, viene de la sucesión rítmica de procedencia africana. Esta simbiosis resplandece también en el baile. Antes, el tresero convocaba al resto de los músicos y la creatividad se apoderaba del resto. Lo mismo aparecía una guitarra que un acordeón y si no había bongó bien servía un taburete, una botella con una cuchara o una quijada de burro, caballo o res.

Según ratificó el también escritor, para esa época el género se quedó en las lomas, desde donde no salió ni tuvo ningún reconocimiento. Nunca, antes de 1959, un grupo tocó en una institución social o privada de la ciudad.

La unión de los apelativos del género y de su provincia madre conformó la designación Changüí Guantánamo en 1945 y el establecimiento del conjunto instrumental.

La conformación oficial del grupo, gracias a Inciarte Brioso, fue medular en el crecimiento de la música del Guaso y su esplendor por el mundo, que logró unidad en la variedad.

Este es nuestro Changüí

La vitalidad del género y su comunidad al sudeste de Cuba es visible en las 30 peñas changüiseras de la ciudad y sus alrededores, las disímiles agrupaciones que lo defienden, el fuerte movimiento de autores, compositores, promotores culturales e investigadores en el orbe.

Si aún le caben dudas, lléguese al Festival Nacional del Changüí Elio Revé Matos en la ciudad de Guantánamo, vitrina cada dos años de sus principales exponentes y ocasión para la auténtica descarga musical que en 2018 prolongó su récord de duración a 31 horas ininterrumpidas.

El Changüí se convirtió en el sonido de Guantánamo, un complejo cultural que incluye en su designación música, baile y fiestas. Un género bailable de la zona oriental de país, con un ritmo auténtico que no permanece como pieza de museo sino herencia viva, Patrimonio Cultural de la Nación (2018).

Para ti, Nengón

Aunque se observa pequeña en su extensión territorial, Guantánamo es grande y diverso en su riqueza identitaria, con dos regiones histórico-culturales muy bien definidas: la urbe principal y Baracoa, la Ciudad Primada de Cuba.

En Baracoa no se hace Changüí, lo que suena es el Nengón. Ambas expresiones musicales, sin embargo, nacieron aparejadas en el tiempo de forma primigenia y con similar instrumentación, argumentó Cuenca Sosa.

Como parientes queridos, al crecer, cada uno emprendió su rumbo y alcanzaron un desarrollo desigual. En el Changüí hubo una evolución armónica y melódica que no era evidente en su génesis, pero fue ganando terreno en la estructura.

El «hijo» de Nuestra Señora de la Asunción, que creció bañado de mar en medio de las fiestas campesinas tradicionales, devino uno de los espectáculos músico-danzarios más singulares de Cuba y encontró en su andar muchos otros «primos» y un hermano inseparable: el Kiribá.

Ambas formas soneras quedaron en una estructura melódica más primitiva con verso, un pequeño estribillo y la descarga de los instrumentos en el recorrido histórico-sonoro de la música cubana, señaló el investigador.

Fue el prestigioso musicólogo cubano Argeliers León el encargado de evaluar y declarar el ritmo como célula primaria del Son, con una base tradicional ejecutada por quintetos que sacan los sonidos al bongó en tierra, el bajo de cuerdas de tripas de jutía, el tres, el güiro o guayo y las maracas.

Vengan a bailar

Muchos años después, un grupo de familias asentadas en la zona rural del Güirito en El Jamal y dentro del área conocida como Paisaje Cultural del Cacao ganó la categoría de grupo portador, dado a aquellas expresiones culturales que preservan la tradición de sus ancestros.

En esta comunidad, el proyecto liderado por Ana Teresa Rochet enaltece las raíces culturales heredadas del siglo XIX y unen música y baile en un espectáculo que permite, además, el disfrute de la comida típica de la zona, exaltó el presidente de la Asociación Hermanos Saíz en Guantánamo, Carlos Urgellés.

En el baile del Nengón la ejecución simula el apilamiento con los pies del grano en los secaderos, por eso se realiza el barrido desde afuera hacia dentro y los bailadores se colocan en pareja conformando un gran círculo.

El Kiribá, en cambio, tiene más libertad coreográfica, al decir de la licenciada en Historia y Ciencias Sociales María Court.

Así, instrumentos artesanales y canciones de trabajo marcaron las melodías y los bailes de una época; algunos con mejor suerte que otros en el recorrido de la historia de la música y la danza cubanas, pero todos dueños de las expresiones más genuinas de los pueblos.

 

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