Cumplió el boxeo, el buque insignia llegó a buen puerto

Cuatro llegaron a finales y todos se encumbraron, el boxeo cubano volvió a ser el dominante en el medallero de esta disciplina en unos Juegos Olímpicos, para confirmar en Tokio 2020 el apelativo certero de la Armada Invencible.
Cumplió el boxeo, el buque insignia llegó a buen puerto

Tokio, 8 ago.— Cuatro llegaron a finales y todos se encumbraron, el boxeo cubano volvió a ser el dominante en el medallero de esta disciplina en unos Juegos Olímpicos, para confirmar en Tokio 2020 el apelativo certero de la Armada Invencible.

Rosniel Iglesias, en la división de 69 kilogramos, abrió el camino, y fue seguido en los siguientes días por Arlen López (81 ), Julio César La Cruz (91) y Andy Cruz (63), mientras que en bronce quedó Lázaro Álvarez (57) , para otra actuación memorable en estas citas.

Solo Daniel Peró (más de 91) y Yosbany Veitía (49) se fueron sin preseas, aunque alcanzaron a ganar sus primeros combates.

En total triunfaron en 20 peleas y perdieron tres, y por la calidad de los pugilistas y la excelente preparación técnico-táctica y física que mostraron, muy pocos en verdad se vieron exigidos en el cuadrilátero de la Arena Kukogikan. Y cuando lo fueron hubo siempre un extra para conseguir la victoria

Antes de comenzar el torneo olímpico Rolando Acebal, jefe del colectivo de entrenadores, precisó a la prensa que “el pronóstico competitivo era que de los siete boxeadores se lograran dos medallas de oro y dos de bronce”, por lo cual este resultado sobrepasa lo proyectado.

Nada sorpresivo, pues históricamente desde los años 70 esta Armada ha mostrado un claro dominio internacional y en los torneos cumbres de esta disciplina, gracias a lo que se ha llamado Escuela Cubana de Boxeo.

Desde Munich 1972 representantes de la mayor de las a Antillas han estado en todos los podios olímpicos, excepto en Beijing 2008, cuando se lograron cuatro de plata y cuatro de bronce, en un equipo muy joven armado luego de que sus principales figuras abandonaron el país para combatir en el profesionalismo en el exterior.

Uno de aquellos medallistas bronceados fue Rosniel Iglesias, que llegó a titular en Londres 2012 y repitió ocho años después en Tokio, un claro ejemplo de la fuerza y continuidad de esta selección de pugilistas.

El capitalino Orlandito Martínez, de los 54 kilogramos, abrió el camino de los títulos olímpicos en la cita de Munich, donde también se titularon Emilio Correa (67) y Teófilo Stevenson (mas de 81). De entonces acá, hasta titularse el matancero Andy Cruz en la capital japonesa el boxeo cubano acumula 41 de las 84 medallas de oro que ostenta Cuba en lides bajo los cinco aros, y además el cofre de tesoros lo completan 19 preseas de plata y 18 de bronce.

Una estadística del periódico El País, de España, precisa que de la cita de Sidney 2000 hasta la presente Cuba ha ganado el 13 por ciento de todas las medallas disputadas en el boxeo de los Juegos Olímpicos, con elevados índices además en la cantidad de preseas según la población y por cada millón de habitantes. Viene siendo un dominio notable en una disciplina muy popular en el mundo, y que ya se ha extendido también al sector femenino.

Las razones de estos éxitos están en la tradición boxística del país, con Kid Chocolate y Kid Gavilán entre los pioneros, y la masividad de la práctica de la disciplina, con miles de adolescentes y jóvenes que lo practican siguiendo los nombres de grandes como Stevenson y Félix Savón.

Un sistema deportivo estable y escalonado catapulta a los mejores al alto rendimiento, donde un colectivo de prestigiosos entrenadores y técnicos a todos los niveles los terminan de forjar, según la estela que fundaron Alcides Sagarra y Sarvelio Fuentes, entre otros.

Ellos sembraron los principios de la preparación cientifica de estos deportistas, los desarrollaron y extendieron su práctica en los años. Hoy es una actividad cimentada, donde se logran púgiles con estilo e inteligencia, bien sustentados en lo físico y capaces de pegar con fuerza, pero también de ubicar con precisión y elegancia sus golpes y ejecutar la esquiva necesaria para conseguir el triunfo.

El espíritu que se le inculca a los boxeadores cubanos es la victoria. Sagarra, quien llegó a Doctor en Ciencias Pedagógicas con las mismas herramientas que lo convirtieron en uno de los mejores entrenadores de todos los tiempos en el boxeo, repetía constantemente que su aspiración siempre era lograr el título en todas las divisiones, lo decía con convicción pues trabajaba para ello, y hubo campeonatos mundiales, continentales y regionales donde estuvo a punto de lograrlo.

Lo recordó Julio César La Cruz al convertirse en bicampeón olímpico: Como buen boxeador cubano, en mi mente no existe otra aspiración que no sea la de ser campeón. Ese es mi objetivo, el espíritu que nos inculcó nuestro maestro Alcides Sagarra”.

En Tokio 2020 llegó a buen puerto el boxeo ratificando su condición de buque insignia del deporte cubano. No solo en Olimpiadas (donde Cuba tiene balance global de medallas de 84-71-84 en 21 participaciones), esa es la meta en cualquiera de los eventos a los que asiste un púgil cubano. De cada una de sus actuaciones siempre se espera pasión, entrega y el orgullo por combatir, ser insignia como parte del espíritu que guía al pueblo de donde salen. (César López Gil)

 

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