En el centenario de Melba Hernández, su impronta

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El 28 de julio cumpliría 100 años la destacada combatiente revolucionaria y Heroína de la República de Cuba Melba Hernández Rodríguez del Rey, una de las dos mujeres –junto a Haydée Santamaría- participantes en el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953.

Fallecida cerca de los 93 años, el nueve de marzo de 2014, la vida la premió con una existencia provecta y dedicada enteramente, como siempre quiso, al servicio de la Patria.

Esta mujer sencilla, natural y comunicativa, que vio la luz en el poblado villareño de Cruces, sin proponérselo pero muy merecidamente atesoró, además, los reconocimientos de Heroína del Trabajo y de Doctora Honoris Causa del Instituto Superior de Relaciones Internacionales.

Graduada a los 22 años en Derecho y Licenciada en Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana, pronto se sumó y participó con denuedo en la lucha contra la tiranía batistiana, y fue, junto a su amiga y compañera de combate Yeyé (Haydée), una de las primeras personas en nuclearse alrededor del movimiento insurgente liderado por Fidel Castro a principios de los años 50, tras el golpe militar batistiano.

Después de los asaltos al Moncada y el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, que resultaron fallidos militarmente, guardó prisión durante siete meses en el Reclusorio Nacional de Mujeres de Guanajay.

Una vez liberada, al igual que Haydée Santamaría continuó firme y con el mismo corazón entregado de siempre en las tareas revolucionarias e integró las filas y dirección del Movimiento 26 de Julio, fundado por Fidel en 1955, al ser excarcelado debido a una amnistía casi obligada por el perentorio reclamo popular.

Antes de que Fidel fuera liberado Melba contribuye muy directamente a la impresión y distribución del manifiesto “A Cuba que sufre”, en el cual el joven líder y sus compañeros de presidio ratificaron su incondicional decisión de continuar combatiendo al régimen de Fulgencio Batista.

En detalles, junto a Lidia Castro y Haydée se dedicó a la recopilación y organización de las notas que Fidel les hacía llegar desde el presidio, las cuales escribía con jugo de limón y que, coordinadas, eran una reconstrucción de su alegato de defensa en el juicio por las acciones del 26 de Julio, convertido luego en La historia me absolverá.

Lógicamente, también estuvo en el estrecho grupo que garantizó la posterior impresión y distribución clandestina del importante documento. Trabajar para reunir los fondos para poder hacerlo, fue otras de sus más intensas entregas a la causa.

Luego viajó a México a contactar a revolucionarios cubanos allí exiliados, entre ellos moncadistas, e involucrarse de lleno en los preparativos de la expedición del Granma, lo cual cumplió hasta la salida del yate para Cuba, y resultó otra responsabilidad abnegada y ardua.

Regresa inmediatamente a La Habana, donde continuó en el centro de muchas acciones del M-26-7 en momentos en que la dictadura de Fulgencio Batista se tornaba cada vez más despiadada y sanguinaria y perseguía a los combatientes con verdadera saña, a base de torturas, desapariciones y crímenes salvajes.

Cuando llega el momento, se incorpora a las tropas rebeldes del Tercer Frente Mario Muñoz Monroy, dirigido por el Comandante Juan Almeida Bosque.

Con la alborada del Primero de Enero que había ayudado a conquistar, siguió incansable y ensanchaba su aporte a la Patria.

Ocupó importantes responsabilidades, entre ellas Presidenta del Comité Cubano de Solidaridad con Vietnam del Sur primero, y después de Vietnam, Cambodia y Laos, al tiempo que fue miembro del Presidium del Consejo Mundial de la Paz; Secretaria General de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL).

Vivió las alegrías y el deber de ser embajadora de Cuba en la República Socialista de Vietnam, nación muy entrañable para esta luchadora, también en Kampuchea, y en Cuba fue directora del Centro de Estudios sobre Asia y Oceanía.

Estuvo entre los fundadores del Partido Comunista de Cuba, en 1965, y fungió como miembro de su Comité Central desde el Tercer Congreso, mientras fue elegida diputada a la Asamblea Nacional desde 1976 hasta 1986, y elegida nuevamente desde 1993.

Su deceso se produjo en La Habana, como consecuencia de complicaciones asociadas a la diabetes mellitus, enfermedad crónica que padeció durante muchos años. ( Martha Gómez Ferrals, ACN)

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