Hay barrios que respiran historia sin necesidad de contarla. Vista Alegre, en el municipio Santiago de Cuba, es uno de ellos. Residencia soñada por la más alta alcurnia social y política de la época, su nombre sigue siendo sinónimo de distinción.
El primer suspiro.
La modernidad llegó a Santiago con el gobierno militar estadounidense de 1898 y la naciente República. Emilio Bacardí Moreau, patriota y alcalde, impulsó el cambio, pero la nueva élite miró más a Europa que a Washington.
Así nació Vista Alegre: no como un crecimiento continuo del centro histórico, sino como una huida hacia arriba, en busca de mejor clima y mayor exclusividad.El 12 de junio de 1907, Tomás Nicolau, a través de su Compañía de Urbanización, compró los terrenos de la finca Arroyo Hondo.
Un año después, el 5 de febrero de 1908, el tranvía unió el barrio con la ciudad. Eran los primeros pasos. Apenas 17 casas de madera, estilo balloom frame, se levantaron entonces. Sus primeros moradores no eran burgueses, sino empleados de la Compañía Eléctrica.
La inestabilidad política y el gobierno de José Miguel Gómez cerraron esta etapa con un crecimiento tímido y una población escasa.
Cuando la élite se instaló.
Con Emilio Godoy al frente de la Compañía Eléctrica, el barrio cambió para siempre. Llegaron las familias de la verdadera burguesía, y con ellas, los estilos arquitectónicos más ambiciosos: neoclasicismo, art nouveau, neogótico, neo renacentista. Se levantaron réplicas del Petit Trianon francés y del Patio de los Leones de la Alhambra.
Carlos Segrera Fernández, arquitecto de la época, diseñó 30 de las más de 55 casas construidas. Vista Alegre se convirtió en el suburbio más elegante de Santiago, con la avenida Manduley como espina dorsal. No era solo un lugar para vivir: era una declaración de poder.
El temblor y la caída.
Nada duró para siempre. Los años treinta comenzaron con el descrédito social, la dictadura de Machado, el crack del 29 y una crisis global que anticipaba otra guerra.
Pero el golpe más cruel llegó el 3 de febrero de 1932: un terremoto desplomó edificios y fortunas en Vista Alegre.La construcción se hundió.
Apenas 35 casas se erigieron en toda la década, muchas de madera, material económico y resistente a los sismos.
Los estilos se mezclaron sin el refinamiento de antaño. La elegancia dio paso a lo vulgar, no por gusto, sino por necesidad. Fue el punto más bajo en los altibajos del barrio.
Un legado que persiste
Hoy, caminar por la avenida Manduley es aún leer un poema interrumpido: restos de elegancia, testigos de madera, memorias de un barrio que supo ser, en apenas medio siglo, el espejo de las ambiciones y las grietas de toda una República.
Pese a todo, Vista Alegre fue pionero en el oriente cubano, antecedido solo por El Vedado en La Habana. Sus calles arboladas, su aire fresco, sus palacetes heridos pero aún en pie, cuentan la historia de una burguesía que construyó un mundo aparte para competir en silencio por poder y jerarquía.
Hoy, caminar por Vista Alegre es recorrer una crónica viva: la de una República que quiso ser grande, la de un barrio que lo fue, y la de un terremoto que, aunque sacudió fachadas, no logró borrar del todo su memoria. Bibliografía Para la realización de la crónica de utilizó informaciones del sitio ECuRed
Bibliografía: ECuRed.