En la Sala de Oncohematología del Hospital Infantil Sur Antonio María Veguez, el amor también es una medicina que se recibe con las manos abiertas.

Allí, donde la rutina hospitalaria se entrelaza con la fragilidad y la esperanza, las donaciones para niños con cáncer se han convertido en un pulso vital de apoyo emocional para los pequeños pacientes y sus familias.



Con la calidez que ya es tradición, los trabajadores de la Hotelería y el Turismo volvieron a cruzar las puertas del centro de salud cargados de donativos, pero sobre todo de ternura.

Llegaron no solo con recursos, sino con el poder insustituible del cariño, regalando a los infantes y a sus padres un paréntesis de distracción y alegría en medio de la batalla.

El gesto, sencillo y profundo a la vez, dibujó sonrisas y arrancó palabras de gratitud. En tiempos complejos, estos actos de humanidad compartida encienden la conciencia social y recuerdan que nadie debería luchar solo.

Los niños y sus familias se sintieron acompañados, estimulados, abrazados por una comunidad que se niega a ser indiferente. Porque donar, al final, también es una forma hermosa y urgente de quedarse.


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Periodista
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