Hace 68 años, el 16 de abril de 1958, un grupo de muchachos de apenas 16 a 19 años se encontraba en el paraje conocido como El Platanal, en la comunidad de Matías, próxima a la Carretera Central.
Eran combatientes del Movimiento 26 de Julio y del Ejército Rebelde, encargados de contener el avance enemigo y proteger las posiciones insurgentes en la Sierra Maestra.
La traición los delató y pronto fueron sorprendidos por aire y tierra. Una avioneta del ejército batistiano ametralló la zona y 13 guerrilleros cayeron en combate.
Sus cuerpos fueron tendidos sobre el asfalto como macabro escarmiento, en un intento de intimidar a quienes persistían en la lucha. Hacia las tres de la tarde, los cadáveres fueron cargados en un camión y trasladados hasta Baire, donde fueron sepultados en una fosa común.
Los campesinos obligados a transportar los cuerpos, bajo la amenaza de fusiles, fueron luego presionados para delatar otras posiciones rebeldes. Su negativa les costó seis meses de prisión.
El recuerdo de aquellos jóvenes “escopeteros” quedó perpetuado en un obelisco erigido entre 1975 y 1976 por decisión y diseño del Comandante Juan Almeida Bosque.
La obra fue levantada por voluntarios del Tercer Frente, bajo la dirección de Ibrahín Román, del poblado de Filé. En 2016, con motivo del 90 cumpleaños del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, se sembró un caguairán en la cima de la colina de El Platanal.
Hoy, sus ramas resguardan el sitio como símbolo de continuidad y homenaje a la entrega de aquellos jóvenes que ofrendaron su vida por la libertad de Cuba.