Caravana de la Libertad entra en La Habana

Margarita Piedra Cesar
Margarita Piedra Cesar
Jefa de redacción digital
Ese mismo hombre del 26 de julio y del Granma, optimista, voluntarioso, perseverante, confiado en la justeza de la causa emprendida y sobre todo de la victoria, el 8 de enero de 1959 entraba en La Habana, capital del país, optimista y victorioso como siempre y acompañado del mismo pueblo, su mejor tropa, amante de la libertad y la independencia, para librar batallas aún más difíciles que las sostenidas hasta el glorioso Primero de Enero.
Caravana de la Libertad entra en La Habana

Santiago de Cuba, 8 ene.— Ese mismo hombre del 26 de julio y del Granma, optimista, voluntarioso, perseverante, confiado en la justeza de la causa emprendida y sobre todo de la victoria, el 8 de enero de 1959 entraba en La Habana, capital del país, optimista y victorioso como siempre y acompañado del mismo pueblo, su mejor tropa, amante de la libertad y la independencia, para librar batallas aún más difíciles que las sostenidas hasta el glorioso Primero de Enero.

Después de su salida del presidio en mayo de 1955 y cuando marchaba hacia el exilio, el jefe de la insurrección del Moncada y líder del Movimiento 26 de Julio, Doctor Fidel Castro, declaró: “En 1956 seremos libres o mártires”. Esas palabras del joven abogado no fueron dichas al azar ni con fines politiqueros, como se acostumbraba, sino que constituyeron al compromiso leal de la Generación del Centenario de continuar la lucha hasta lograr la libertad de la patria, como antes lo hicieron Céspedes, Agramonte, Maceo y José Martí.

Poco más de un año, después de ese juramento de ser “libres o mártires”, el yate Granma posaba su quilla en las arenas de las costas cubanas y desembarcaba a 82 combatientes que venían a cumplir la palabra empeñada con el pueblo.

Días más tarde, de aquellos expedicionarios sólo quedaron 15 con siete armas, pero ellos fueron suficientes para reiniciar la lucha armada contra el régimen dictatorial existente en Cuba, un propósito nada fácil, pero tampoco imposible, cuando de por medio están la libertad y la independencia de la patria.

El tiempo ha pasado, 63 años han transcurrido lo que pudieran parecer mucho. Es lógico que hoy no estén todos aquellos que de una u otra forma contribuyeron al triunfo, algunos han desaparecido físicamente y otros nacieron después del triunfo, pero ni unos ni otros, sufren la decepción de haberse sacrificado en vano, pero si más bien la satisfacción de saber que los sueños que movieron a esta lucha ya han sido superados y lo serán aún más hasta el infinito.

La Revolución sigue adelante, como aquella Caravana de la Libertad, con el mismo empuje y firmeza de hace 63 años, porque el pueblo confía en lo que tiene y tendrá siempre presente al Comandante en Jefe llamado Fidel Castro, excelente timonel de esta travesía hasta la victoria siempre.

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