Única fábrica de medicamentos líquidos orales en Cuba: de la realidad a sus posibilidades

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Bayamo, Granma, 23 nov.— Dar respuesta a las demandas de la población y lograr la estabilidad de los medicamentos que se comercializan en la red cubana de farmacias es hoy uno de los mayores desafíos productivos que asume la industria nacional de fármacos, en medio de no pocas trabas financieras derivadas del bloqueo. 

A esta tensa situación no ha escapado la Empresa Laboratorio Farmacéutico Líquidos Orales, Medilip, –entidad enclavada en la provincia de Granma y única de su tipo en el país–, cuyo proceso fabril seriado de fármacos en forma de líquidos (suspensiones, soluciones y emulsiones) ha sufrido un significativo descenso en los últimos calendarios.

Basta con señalar que esta planta, adscripta a BioCubaFarma, tras alcanzar en el año 2013 el récord anual de 33,5 millones de unidades producidas, no ha podido volver a acercarse a ese «salto» que los distinguió entonces, tanto por su eficiencia como por la calidad de sus fármacos.

«En el último quinquenio y hasta el cierre del año 2018, la fábrica producía anualmente entre 25 y 28 millones de unidades, pero con el recrudecimiento de las medidas restrictivas impuestas por el gobierno de Estados Unidos a Cuba, a partir de 2019 no hemos podido rebasar los 20 millones de unidades», explicó a Granma Efrén Rodríguez Lora, director general de Medilip.

Tampoco en lo que va de 2021 dichos indicadores muestran signos de recuperación. De los más de 50 productos genéricos que puede elaborar la fábrica, se han afectado en su producción mensual alrededor de 25 de ellos.

En ese déficit hay varios medicamentos muy demandados por la población, como los complejos vitamínicos, los productos en gotas y la línea de productos naturales, que incluye los jarabes anticatarrales Ambroxol, Orégano y Caña Santa, entre otros.

Además, han sido afectados fármacos de uso hospitalario, «que no significa que se hayan dejado de producir, sino que su fabricación se ha realizado con baja cobertura y de forma intermitente debido a la poca reserva de materias primas e insumos importados, como tapas, envases y los frascos de 15, 30, 60, 120 y 240 mililitros», añadió el directivo.

Asimismo, se han tenido que aplazar ciclos productivos de algunos surtidos orales que cuentan con sustitutos en otras formas farmacéuticas como tabletas e inyecciones, lo que responde a una estrategia del país de priorizar la producción de medicamentos dirigidos a los principales problemas de salud de la población cubana y al combate de la pandemia de la COVID-19.

A MEDIA MÁQUINA

Esta compleja dinámica que ha venido enfrentando Medilip en los últimos dos años, como consecuencia directa de la política hostil que mantiene Estados Unidos hacia la Mayor de las Antillas, no solo ha puesto límites a sus capacidades productivas reales, sino que también ha impactado en la estabilidad financiera de la fábrica, donde laboran unos  430 trabajadores, entre operarios, técnicos, especialistas, investigadores y desarrolladores.

A ello se suma el deterioro progresivo de parte de su equipamiento y precarias condiciones de trabajo que laceran el mejor desempeño laboral, así como las inevitables pausas en las investigaciones debido al déficit de reactivos y materiales de referencia importados, con los que se hacen las pruebas analíticas de los estudios.

Tales condiciones, aunque no han empañado el rigor y la calidad con la que se encamina cada uno de los procesos dentro de Medilip, sí han generado lógicas inquietudes entre quienes allí le ponen a diario el pecho a la producción de medicamentos.

«El espíritu general en la fábrica siempre ha sido el de echar para adelante; si hay que quitar un componente de una máquina para que otra funcione se hace, si hay que trabajar un feriado aquí estamos, o si hay que quedarse después del horario habitual lo hacemos, pero para quienes nos encontramos directo a la producción en turnos de trabajo de 12 horas, el pago de las utilidades no ha sido todo lo bueno que quisiéramos», comentó el operario Edilberto Agüero Rubiet.

Liliana Céspedes Tamayo, directora económica de Medilip, reconoció que  el pago de las utilidades dista mucho de las potencialidades productivas de Medilip.

«Aun cuando hemos cumplido con el pago de las utilidade a los trabajadores, los dividendos individuales no superan los dos salarios, ya que los niveles de venta no nos han permitido hacerle frente a las deudas, pues a raíz de la implementación de la Tarea Ordenamiento el costo de producción para un grupo de fármacos subió y el precio de venta a la población se mantiene.

«Hay casos en los que el ministerio de Salud Pública asume este subsidio y nos permite variar el precio minorista, pero hay otros que no, como sucede con la difenhidramina en suspensión para niños que tiene un precio de venta a la población de 0,50 centavos, y producirla cuesta alrededor de ocho pesos.

«Para ello ya estamos en un proceso de revisión con el Ministerio de Finanzas y Precios de las fichas que afectan los costos minoristas y, por ende, los resultados financieros de la fábrica», afirmó Céspedes Tamayo.

 NUEVAS LÍNEAS CON SELLO NACIONAL

Como parte del programa de crecimiento económico de la nación, a la empresa estatal socialista se le ha dado un grupo de facultades para impulsar su desarrollo. En ese sentido Medilip ha sido capaz de sacudirse parte de la dependencia foránea para emprender nuevas producciones, mediante la transferencia tecnológica y los encadenamientos con empresas y centros de investigación, que le han permitido obtener productos con materias primas nacionales.

De ese entramado destacan entre sus primeros resultados los desinfectantes para el combate a la COVID-19 (detergente clorado, soluciones de hipoclorito de sodio para el agua, el lavado de manos y la limpieza de superficies) y la producción de una cadena de melitos con un alto impacto en la población.

«Iniciamos a nivel de territorio encadenándonos con entidades como Farmacias y Ópticas y empresas de Labiofam, pero estos productos, como es el caso del alcohol desinfectante a granel, han tenido una tremenda aceptación no solo en Granma, también en Las Tunas y Villa Clara, y ya tenemos solicitudes de otras partes del país», expresó Rodríguez Lora.

«También estamos produciendo los melitos de vitamina C y el propóleo de melito, que son fármacos que se hacían a escala local por los centros de producción de Farmacias y Ópticas en pequeñas cantidades, y como un llamado del país a industrializar la medicina natural y a apoyar el cuadro básico de salud, asumimos ese renglón con volúmenes por encima de los 20 000 frascos», acotó.

De igual modo, Medilip formalizó una contratación con Apicuba a fin de garantizar la existencia de derivados de la miel para la elaboración de varios productos como el propóleo, la cadena de melitos, y próximamente la producción del extracto de eucalipto.

Incluso, a pesar de las limitaciones que han tenido que enfrentar con los productos genéricos, según anunció Niurka Benítez Guerra, directora de Desarrollo de la fábrica, entre las novedades de este año se encuentra la aprobación, por el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (Cecmed), del fármaco citrato de potasio para el tratamiento de la litiasis renal (enfermedad conocida como cálculo en los riñones), cuya primera producción a escala industrial está prevista para la última etapa del año.

De esta forma, la fábrica afianza ahora tres líneas de producción: los productos genéricos, los naturales y los alternativos, con los que pretende retomar de forma paulatina sus volúmenes productivos.

Tal aspiración dependerá, en buena medida, de la entrada al país de forma más estable de materias primas e insumos, pero también de la voluntad, del empeño y del ingenio creativo que distinguen a su colectivo de trabajo; ese mismo que sigue apostando a la calidad y probada garantía de los productos bajo el sello de Medilip. (

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