Fidel está entre nosotros

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Santiago de Cuba, 25 nov.— Cinco años se cumplen este 25 de noviembre del fallecimiento del líder histórico de la Revolución cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y nos parece que el tiempo se detuvo en esa fecha para mantenerlo siempre vivo en el corazón de cada cubano que no lo dejará morir expresado en aqueo ¡Yo soy Fidel! Que nació espontáneamente y que todavía hoy parece escucharse como un eco externo.

El propio Fidel nos enseñó que no hay hombres inmortales, que la muerte es la realidad más absoluta de la vida y tarde o temprano tenemos que rendirnos ante ella y solo perdurará la obra que dejemos como la raíz del árbol que plantemos cuya existencia puede extenderse por siglos.

1825 días hace que nos falta su presencia física pero nadie puede decir que nos ha faltado, que ha dejado de estar presente en esa extraordinaria obra que nos legó y que es la Revolución cubana, como nunca dejaron de estar junto a nosotros los que iniciaron el camino, Carlos Manuel de Céspedes y José Martí.

Decía el Héroe Nacional cubano que “el bien que en una parte se siembra es semilla que en todas partes fructifica” y Fidel es el ejemplo de esa verdad martiana, porque la semilla que él sembró con la Revolución cubana puede encontrarse en cualquier parte, en cualquier obra, en nuestros niños, mujeres y hombres, que sí somos el principal fruto de su gigantesca obra revolucionaria.

Los días que precedieron al 25 de noviembre de 2016 fueron una muestra de que en el corazón del pueblo Fidel no murió. El recorrido realizado por la caravana fúnebre por todo el país, fue el más fiel testimonio de que el Comandante en Jefe seguirá siéndolo eternamente.

No importan los años que pasen, su estrella siempre nos estará alumbrando el camino para seguir venciendo obstáculos hasta el final de la lucha.

Digamos hoy como la poetisa Carilda Oliver Labra: “Tenemos algo más que su imagen convertida en símbolo de su rebeldía y de su resistencia. Nos queda la sensación de su presencia interminable, esa certidumbre de que para encontrarlo no es necesario recordar, porque está metido en nuestros átomos como la raíz en la tierra.

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