Lydia y Clodomira: Verdaderas heroínas del silencio

Margarita Piedra Cesar
Margarita Piedra Cesar
Jefa de redacción digital
Ya en La Habana se encontraban Lydia y Clodomira en la madrugada del 12 de septiembre de 1958, cuando el apartamento donde pernoctaban junto a un grupo de revolucionarios clandestinos, en el Reparto Juanelo, fue asaltado por esbirros de los sanguinarios Coroneles Esteban Ventura y Conrado Carretalá, quienes asesinaron a sangre fría a los cuatro jóvenes que allí se encontraban en presencia de las dos mujeres que fueron golpeadas y apresadas por los sicarios.
Lydia y Clodomira: Verdaderas heroínas del silencio

Santiago de Cuba, 17 sep.— Lydia Doce y Clodomira Acosta Ferrals eran dos humildes mujeres campesinas orientales, que tras incorporarse al Ejército Rebelde en los primeros meses de la gesta revolucionaria, por su capacidad y audacia fueron escogidas como mensajeras entre las montañas y la red clandestina urbana, fundamentalmente entre las montañas y La Habana, donde cumplieron riesgosas misiones al servicio del Comandante en Jefe Fidel Castro y el Che.

Ya en La Habana se encontraban Lydia y Clodomira en la madrugada del 12 de septiembre de 1958, cuando el apartamento donde pernoctaban junto a un grupo de revolucionarios clandestinos, en el Reparto Juanelo, fue asaltado por esbirros de los sanguinarios Coroneles Esteban Ventura y Conrado Carretalá, quienes asesinaron a sangre fría a los cuatro jóvenes que allí se encontraban en presencia de las dos mujeres que fueron golpeadas y apresadas por los sicarios.

De Lydia y Clodomira no se supo nada más hasta enero de 1959, cuando en el juicio seguido a uno de los participantes de aquel crimen, éste narró lo sucedido a las dos mujeres que fueron salvajemente torturadas por Ventura Carretalá y sus esbirros, hasta dejarlas moribundas.

Contó el esbirro que ya en ese estado Lidia y Clodomira fueron entregadas a Julio Larduet, un connotado asesino de la Marina de Guerra, quien en la madrugada del 17 de septiembre de 1958, las trasladó en una lancha mar afuera, introdujo sus cuerpos en sacos con piedras y las sumergió varias veces en el agua para que hablaran, pero al no conseguir su objetivo, las dejó hundir en las profundidades del océano.

Así pagaron esas dos valiosas mujeres su amor a la libertad y sus valiosos servicios a la Revolución, al Ejército Rebelde, a Fidel y al Comandante Che Guevara, quien al recordarlas después del triunfo señaló: “Sus cuerpos han desaparecido; están durmiendo su último sueño, Lydia y Clodomira, sin duda juntas, como juntas lucharon en los últimos días de la gran batalla final por la libertad”

Los restos de las dos valientes mensajeras de la Revolución jamás fueron encontrados pues el inmenso océano abrió sus profundidades para serviles de tumba, pero el recuerdo de ambas están presentes hoy, 63 años después de sus muertes en el quehacer multitudinario y explosivo de la Revolución que ellas contribuyeron a forjar con su sangre y el pueblo cubano las tiene presentes como lo que fueron: Heroínas del Silencio.

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