Yaimé Pérez. Que no duela el bronce

"Yamila", grita una vecina de la madre de Yaimé Pérez desde el otro lado de la acera, en la carretera de El Manguito. La Maya: "Trajo una medalla. No importa el color". Y se suman otros. Llueven las felicitaciones a Yamila Téllez, la madre de Yaimé.
Yaimé Pérez. Que no duela el bronce

Songo-La Maya, Santiago de Cuba, 4 ago.— “Yamila”, grita una vecina de la madre de Yaimé Pérez desde el otro lado de la acera, en la carretera de El Manguito. La Maya: “Trajo una medalla. No importa el color”. Y se suman otros. Llueven las felicitaciones a Yamila Téllez, la madre de Yaimé.

Llego con mi cámara porque cada año Yaimé tiene la costumbre de “reunirnos” en su casa. Nosotros pendientes a la tele, ella en su ruta hacia lo más alto del deporte internacional.

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Foto: Internet

Yaimé Pérez tiene un título mundial (Doha, 2019), oro en los Juegos Panamericanos (Lima, 2019), dos Trofeos de diamante, un triunfo en La Copa continental y un oro Centroamericano y del Caribe.

En casi todos esos momentos vamos a encontrarnos con los suyos, a verla ascender o sufrir algún golpe de la vida y del deporte, porque ciertamente, la presión pesa tanto como ha anunciado este año Simone Biles, que también se fue con un bronce o Michael Phelps quien ha hablado sobre la salud mental de los atletas.

En Tokio 2020 Yaimé Pérez fue la abanderada y desfiló junto a uno de lo

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Foto: Internet

s fenómenos del deporte mundial; Mijaín López, sobre sus hombros además una lucha que se hizo menor pero aún le asedia: enfrentarse a Sandra Perkovic, una de las grandes deportistas de su tiempo, contemporánea, de su misma altura y quien tiene un 71.41 m, una distancia que no ha recorrido el disco de ninguna atleta desde 2017.

Sumemos algo más Valarie Allman, (la ganadora del oro en Tokio) no es ninguna improvisada. La estadounidense de 26 años fue campeona nacional y tiene una marca de 70.15 m.

Con todo eso fuimos a encontrarnos otra vez a la familia de Yaimé Pérez, su madre reconoce en la mejor discóbola cubana del momento a una guerrera y lo dice con alegría: “Para mí es un oro” y sigue hablando con otros quienes, mascarilla por medio, han ido a compartir con la mejor atleta que tenemos hoy en Songo-La Maya, una muchacha que viene año tras año a acompañar a los suyos y detrás una estela de triunfos que hacen ver a este sitio, como lo que es, un lugar de campeones.

Su broce tiene el sabor del metal de reconocidos titanes, a su vuelta estaremos para hablarle y agradecerle por cuanto hace. Cuba vibra con ella, no hay que sentir dolor, al contrario. La alegría nos cultiva en el orgullo de una nación que hace brotar de esta familia humilde a gente que no cede, aun en los peores momentos. Gracias Yaimé. Tu bronce tiene un valor infinito.

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