Almira lleva a Fidel en su corazón

Norberto Almira Lobaina camarógrafo jubilado de la televisión santiaguera ha tenido experiencias disímiles en su profesión tanto en Cuba como en el extranjero pero confirma que nada tan gratificante como haber coincidido en muchas coberturas en Santiago de Cuba y otras provincias con el líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz.
Almira lleva a Fidel en su corazón

Santiago de Cuba, 11 ago.— Norberto Almira Lobaina camarógrafo jubilado de la televisión santiaguera ha tenido experiencias disímiles en su profesión tanto en Cuba como en el extranjero pero confirma que nada tan gratificante como haber coincidido en muchas coberturas en Santiago de Cuba y otras provincias con el líder histórico de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz.

Con más de 40 años en el ejercicio de la profesión nunca pensó allá en su natal Guantánamo cuando siendo muy joven fue la primera vez que vio a Fidel que iba a tener la posibilidad de estar cerca y hasta compartir con él diálogos y jornadas intensas de trabajo.

almira 2 con comandante
Foto: Cortesia del entrevistado

Con entusiasmo el camarógrafo amigo narra gratos momentos que fueron incluso modificando en él, patrones, conductas, valores, posiciones y su actuar cotidiano por ser Fidel un hombre de detalles, extremadamente humano, cariñoso con los niños, preocupado por sus compañeros, exigente en el trabajo, convencido de las potencialidades del pueblo cubano y que supo asumir en cada etapa con hidalguia su desempeño como dirigente, en el Moncada, en el Granma, en la Sierra y en las miles de batallas que con precisión y desvelo asumió luego del triunfo revolucionario.

Almira recuerda detalles exactos de aquellos recorridos con visitantes extranjeros, principalmente presidentes de otros países por su querido Santiago, asi le tocó acompañarlo en sus labores a la Granjita Siboney, el Moncada, la inauguración de la textilera Celia Sánchez, los hospitales de Contramaestre, Palma, San Luis, en actos por los aniversarios del 26 de Julio y tantos otros sitios de interes económico, histórico o social e incluso nos comenta que en una ocasión Fidel se interesó por la calidad de la cámara que usaba en ese momento, cómo podia durar más y que necesidades tenía para mantenerla, cosas que él le hizo saber y la respuesta en menos de 15 dias no se hizo esperar con todo lo necesario para continuar su importante labor.

Se torna triste al narrarnos su más dificil cobertura en todos los años de servicios de su profesión, afirmando que fue aquel dia aciago en que le correspondió con mucha tristeza grabar el sepelio del Comandante en Jefe, pues su corazón latia apresuradamente y sus ojos como cascadas no le posibilitaban apreciar con nitidez el visor de la cámara, su voz se quiebra y con emoción y orgullo este hombre conocedor de su trabajo, quien considera a Fidel su amigo, alega “Yo, yo llevo a Fidel en el corazón”.

 

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