Santiago de Cuba en sus 505 años de vida

Spread the love

  Donde se expresó, “No asombréis de nada…”

42 años del centro histórico santiaguero como Monumento Nacional.

Santiago de Cuba, 25 jul.— 42 años declarado monumento nacional, el centro histórico de la ciudad sureña, otrora capital del Oriente cubano, exhibe el encanto que habla del corazón de los santiagueros. En él se reconoce de sus calles lomosas, bullangueras, de sus tradiciones y folclore, de su gente, de la manera de ser que se imbrican en el alma de esta urbe en sus más de 5 siglos de fundada.

El centro citadino de la urbe se extiende por un área de aproximadamente 320 hectáreas, y fue declarado Monumento Nacional en 1978. Sus límites actuales fueron fijados coincidentemente con los que tenía Santiago en el siglo XIX, y se extienden hasta el Paseo de Martí al norte; la Avenida 24 de Febrero, mejor conocida como “la calle Trocha” al sur; el Conjunto Monumental 26 de Julio al este y su amplia bahía al oeste.

Joyas arquitectónicas con valor patrimonial, de origen doméstico, civil y religioso, admiramos en este espacio. Pertenecen tanto al período colonial (1515-1898), como al republicano hasta el triunfo en 1959, epopeya que Santiago de Cuba tuvo un rol especial; ahí está su antiguo ayuntamiento, desde donde se declaró el triunfo revolucionario el primero de enero de 1959.

El devenir de la antigua villa estuvo signado por la violencia de los siglos coloniales. Corsarios y piratas la atacaron muchas veces, entre ellos el francés François Le Clerc, quien en 1554 la saqueó. Pero Santiago de Cuba, por su posición privilegiada y la temprana importancia en la zona de las Antillas, fue destino de extraviados y refugiados, al punto que se reconoce como “la Capital del Caribe”. A tal distinción ha contribuido la celebración anual de la Fiesta del Fuego, dedicada a las tradiciones y culturas de la región.

De Lousiana, Haití, Jamaica, China y Cataluña llegaron holeadas de migrantes a lo largo del tiempo, incluyéndose a los descendientes de esclavos africanos y los colonizadores españoles para conformar una población mestiza y rica culturalmente.

Esta fascinante historia puede conocerse admirando el centro histórico, donde hay antiguas edificaciones muy bien conservadas que podrían servir para trazar un recorrido por el devenir de la ciudad desde su fundación hasta estos 500 años de vida. Es una de las pocas urbes hispanoamericanas anterior de la conquista de México que conserva el diseño en retícula regular, sus calles y manzanas organizadas en torno a una plaza mayor central.

La más antigua de estas edificaciones está situada en la Plaza Mayor y fue la morada del Adelantado Diego Velázquez de Cuéllar. Fue una casa fortificada al estilo de las construidas en La Española y Puerto Rico para conquistadores de tal jerarquía.

La singular joya arquitectónica que data de entre 1516 y 1530, ha sido restaurada y abierta al público en 1970; tiene muros gruesos y un estilo claramente morisco. En la planta inferior funcionaba la casa de contratación para los colonos y el horno de fundir el oro que se hallaba en los ríos y las minas cercanas. Todavía se conserva el horno en el museo, así como se atesoran en el espacio de la vivienda, segunda planta, muebles y utensilios domésticos utilizados entre los siglos XVI y XIX.

La otrora Plaza de Armas es conocida como “Plaza Mayor”, aunque oficialmente se nombra Carlos Manuel de Céspedes. En su centro se levanta un monumento de mármol dedicado a este prócer independentista, considerado por los cubanos el “Padre de la Patria”. Es un lugar imprescindible para conocer a los santiagueros, descansar y admirar sus alrededores, pues están muchos de los principales edificios. Lo cotidiano es que desde sus bancos se escuchen las melodías de la música tradicional cubana; este territorio representa un crisol del son y la trova cubanas.

Desde 1914 se admira al Hotel Casagranda. Es una edificación que se destaca entre las vecinas. Lugar imprescindible en la agenda por la ciudad, y en su bar con vista al Parque Céspedes se puede degustar deliciosos cocteles cubanos o algún trago del “Ron Santiago”, entre los mejores del país.

En 1950 inauguró al antiguo ayuntamiento, construido según los planos del siglo XVIII que fueron concebidos para el Palacio del Gobernador. Allí se dirigió a la nación el líder rebelde Fidel Castro, por primera vez luego de derrotar a Fulgencio Batista.
Todos los años, el 31 de diciembre, se celebra en sus balcones la tradicional “Ceremonia de la Bandera” donde se despliega una gigantesca enseña nacional. En su pared delantera se muestran las condecoraciones de la ciudad en las luchas independentistas y revolucionarias: la Orden Antonio Maceo y la condición de Ciudad Héroe de la República de Cuba.

En 1526 se terminó la obra de la hermosa Catedral Metropolitana aunque su aspecto actual se le dio en 1922 por las reformas introducidas a varios edificios de la plaza según el arquitecto Carlos Segrera. A lo largo de su historia hubo que reconstruirla en cuatro ocasiones porque fue dañada por ataques de corsarios y piratas, además de las afectaciones de varios terremotos, el último de ellos en 1932. En su interior se encuentra el museo que incluye una galería de obispos y arzobispos de Cuba, piezas de orfebrería antigua e imágenes religiosas de mucho valor patrimonial; se atesoran piezas como la pintura sobre madera Santo Ecce Homo, la más antigua existente en el país y partituras auténticas compuestas por Esteban Salas, uno de los primeros compositores cubanos.

En esta crónica santiaguera sólo he hecho referencia al corazón del centro histórico pero si el visitante se encamina a los 4 puntos cardinales, puede disfrutar de cada espacio que habla de lo añejo oriental, desde la calle Heredia, con la casa del Primer poeta romántico de América; paralela al parque, se recorre a Enramadas, vía popular, donde lo santiaguero se refuerza con exponentes especiales; subiendo, la plaza de Marte espera con sus encantos; al norte, el Paseo Martí y el barrio de los Hoyos, de raíces africanas por excelencia; hacia el sur, Trocha, calle predilecta del carnaval; bajando hasta la Alameda, el puerto Guillermón Moncada, área con sus adoquines y las aguas quietas de la bahía que vive con los aires del mar Caribe, que aún le pinta apellidos a sus habitantes.

Santiago de Cuba posee ritmos inimaginables en sus barrios y repartos pero hay un espacio de ella, casi mágico, donde se concentra su alma y sus andares más fuertes: el centro histórico en sus 505 años de fundado.

(Fotos tomadas de Facebook)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

seis + 9 =