La Tumba francesa La Caridad de Oriente

Santiago de Cuba, 13 oct.— La Tumba francesa La Caridad de Oriente es un máximo exponente de la transculturación del folklore haitiano cuyo origen está en la migración de franceses y franco-haitianos quienes con sus dotaciones de esclavos llegaron fundamentalmente al oriente Cuba a finales del Siglo XVIII y principios del XIX como consecuencia de la Revolución de Haití. Su creación formó parte de las llamadas sociedades de socorro y ayuda mutua nombradas de esa forma: Tumba Francesa. A finales del siglo XIX ya existían, diseminadas en todo el territorio nacional, más de 45 Sociedades de este tipo las que pronto tomaron su carácter mutualista y de recreación esencialmente para los inmigrantes haitianos y sus descendientes.

La “Tumba Francesa La Caridad de Oriente” de Santiago de Cuba es una reconocida expresión de la Cultura Popular Tradicional de nuestro país pues trasciende no solo por su valor patrimonial si no también como símbolo genuino de identidad. Varias han sido las generaciones que han mantenido su legado, cultivando las costumbres musicales y danzarias en un proceso de integración que conforman las raíces de la diversidad cultural nacional cubana desde hace más de 150 años de su surgimiento, las que han influido directa o indirectamente sobre otras manifestaciones artísticas surgidas con posterioridad, como las congas y comparsas.

Sus representaciones se consideran Bailes de Salón al constituir procesos heredados de la cultura francesa. Las familias ricas de la colonia francesa de Santo Domingo, o Saint Domingue, bailaban las danzas de la corte parisina de Versalles de aquellos tiempos, por lo que muy pronto los mulatos y negros pobres comenzaron a imitar estos bailes con los toques de sus tambores. También tomaron sus modelos de vestir, comer, apreciar las artes e incluso en las formas de relacionarse entre sí, por lo que en el fondo mostraban su origen francés. Al llegar a Cuba, los emigrados continuaron desarrollando tales prácticas aunque con comportamientos sociales y culturales

totalmente diferentes, nuevos, los que con el paso del tiempo hundieron sus raíces en las nuestras. Estas fiestas, sin perder su esencia “afrancesada”, adoptaron rasgos peculiares del medio sociocultural donde se desenvolvían hasta convertirse en elementos musicales y de danza netamente cubanos.

Las Tumbas francesas como sociedades de recreo y ayuda mutua estuvieron integradas por negros y mestizos francohatianos, autodenominados “franceses,” a los que se sumaron negros esclavos y libertos cubanos. Esas expresiones constituyen una de las joyas más importantes en la gama de expresiones del Patrimonio Cultural Vivo en la Cultura Cubana, condición legitimada en el año 2003 cuando fueron declaradas “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial por la UNESCO”. ( Armando Céspedes Calderín)

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