La raíz martiana de Abel Santamaría

Santiago de Cuba, 13 oct.— Conmueve la aleccionadora vida de Abel Santamaría Cuadrado, segundo jefe del asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, con solo 25 años, considerado por Fidel en el juicio por los sucesos de ese día como “el más querido, generoso e intrépido de nuestros jóvenes, cuya gloriosa resistencia lo inmortaliza ante historia de Cuba”.

Al estudiar su fecunda existencia trochada en la flor de su juventud se comprende que muchos de esos valores que lo distinguieron como defensor de la justicia social, de una intrepidez y altruismo a toda prueba, devienen de su raíz martiana, porque Abel fue un ferviente martiano casi desde la infancia.

Tal vez el primer acercamiento reconocido a José Martí fue haber ganado un concurso sobre el Apóstol de la independencia de Cuba en su etapa de adolescente, un episodio revelador de queya latía en sus venas la estirpe del Héroe de Dos Ríos y que con orgullo contaba su madre, Joaquina Cuadrado Alonso.

En la escuelita del Central Constancia empiezaa nutrirse de la savia de Martí el inquieto Abel, quien había nacido en Encrucijada el 20 de octubre de 1927, día en que se cantó por vez primera en 1868 el Himno Nacional; tal vez de ahí le viene también su raigal patriotismo.

Su familia supo educarlo desde temprana edad en el conocimiento de los valores éticos, en las buenas costumbres, en la disciplina y el respeto, empeño en lo que fue vital la labor de buenos maestros, caudal que supo aprovechar y se reflejaron muy pronto en su manera de actuar y pensar.

Quienes aportaron en su enseñanza reseñaron en muchas ocasiones que aquel rubiecito, de ojos verdeazulados era bondadoso, inteligente y con madera de líder que reaccionaba ante cualquier injusticia y siempre indagaba qué lección de Martí buscar para aprender más del Maestro.

Su amantísima hermana Haydée con frecuencia testimoniaba un pasaje que retrataba el fervor patriótico de Abel, quien no ocultaba sus inquietudes revolucionarias, entusiasmo e interés que provocaban en él la inspiradora historia de José Martí y Antonio Maceo.

Con tal ímpetu se entregó a la organización de la lucha contra la tiranía batistiana que el líder histórico de la Revolución lo calificó como el alma del Movimiento que atacó la fortaleza del Moncada.

Reconforta saber que su presencia está viva en el espíritu de la nación y que en sitios como el seminternado de primaria Abel Santamaría, de El Caney en Santiago de Cuba, escuela modelo de la educación cubana, él es un héroe tangible, de cuyo legado se nutren cada día las nuevas generaciones.

Y es que Abel por su fidelidad, intransigencia y rebeldía, por su amor a la justicia, y su valentía más que demostrada cuando no pudieron doblegarlo ni con la más horrible de las torturas, se ha ganado un lugar eterno en el corazón de la Patria.

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